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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 441

KATHERINE

—¡Soy el hijo del Regente, tu próximo gobernante, y ahora mismo tomaré medidas con el Ducado de Everhart, empezará la investigación! —me miró con ojos cínicos y expresión de desdén; sabía muy bien que intentaría deshacerse del testigo.

Haberme descubierto, le dio la excusa perfecta.

—¡LLÉVENSELA DE UNA VEZ, QUÉ ESPERAN!

Rugió de nuevo exaltado, pero no me dejaría.

Lucharía, aunque eso me expusiera por completo; sabía muy bien lo que me esperaba en las mazmorras del palacio.

Solo torturas crueles.

No importaba esta supuesta tregua, el Regente odiaba a las criaturas de la noche. ¡Mis hijos corrían peligro!

No me imaginaba lo fuera de control que estaría Elliot. ¡Diosa, había echado a perder todo, estando tan cerca de la libertad!

Cuando las manos toscas se fueron a cerrar sobre mis brazos para arrastrarme, me decidí a resistir.

Incluso pensé en asesinarlos y huir.

Llamaba a Elliot en mi mente desesperadamente, pero no sabía si era mi nerviosismo o que estábamos algo lejos, ¡no me respondía!

Mis manos se calentaron como dos hornos; cuando el primer mozo me tocó, lo agarré por el cuello con todas mis fuerzas.

—¡Aahhh, quema, maldit4 sea! —gritó soltándome bruscamente.

La marca ardiendo de mis manos en su cuello.

Se revolcó por el suelo en agonía, el olor desagradable de carne chamuscada impregnaba el aire.

Pero enseguida el otro reaccionó y se abalanzó sobre mi espalda.

Sus manos se aferraron con determinación a mis muñecas, a punto de rompérmelas.

Dolía a morir y tuve que apretar los dientes para reprimir mi grito; más bien me resistí como una demente, empujándolo con el peso de mi cuerpo y retorciéndome para escapar.

Pensaba en atacarlo de otra manera, pero el sonido del rastrillar de un arma llegó a mis oídos.

¡Ese asesino pensaba dispararme también!

Antes de que invocara los elementos naturales, en un resoplido de aliento, el cuerpo a mi espalda se sacudió violentamente, liberándome y, acto seguido, escuché el detonar de un disparo.

El grito ahogado me dijo que el proyectil encontró a una víctima e increíblemente no fui yo.

Miré hacia atrás para ver a un gigante agarrando del cuello al hombre que me sostenía, como si fuese un muñeco de papel.

Lo usó de escudo y el disparo del noble dirigido a mí se perdió en el pecho del mozo.

Con un rugido, el hombre poderoso de más de dos metros lanzó el cadáver por los aires y fue a impactar encima del hijo del Regente Elemental, que gritó cayendo al suelo.

La pistola rodó sobre el césped.

Ni siquiera había reaccionado cuando una sombra me cubrió.

Miré hacia arriba, me sentía diminuta frente al fortachón que se había detenido frente a mí.

El choque brutal de esos titanes casi arranca de cuajo el ciprés, que se tambaleó peligrosamente ante el impacto de la ancha espalda del hombre calvo.

Miraba horrorizada la lucha, le gritaba a Elliot que él solo me salvó pero la ira lo cegaba.

Mi atención regresó al infeliz culpable de todo esto, que estaba sentado en la hierba, libre del cadáver del mozo y a punto de orinarse de la impresión.

Él me descubrió, mirándolo llena de odio, hizo por levantarse para escapar y delatarnos.

No podía dejarlo ir, quizás todavía quedaba una posibilidad de ocultar estos hechos.

Fui muy ilusa y cuando di un paso adelante para frenar su huida, él descubrió algo a mi espalda que le dio esperanzas.

El destello de alegría y desafío brillando en sus ojos.

—¡Papá! —gritó, y me giré rígidamente para ver a la mayor autoridad del reino, después del Rey, venir corriendo con más guardias hacia nosotros.

Mi mente trabajaba de prisa.

Salté hacia Elliot poniéndome en riesgo de salir herida, obligándolo terminar con su absurda pelea.

El verdadero enemigo se acercaba.

Escaparíamos de este reino como fuera, aunque nos tuviéramos que abrir paso a la fuerza.

No había otra opción si queríamos sobrevivir o estábamos acabados.

—¡VORATH, YA DETENTE DE UNA MALDIT4 VEZ!

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