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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 443

BEOF

—¡Padre, encontré a la Duquesa de Everhart asesinando a esa chica elemental! —gritó, señalando a un lado, al cuerpo de una mujer aún desmayada sobre la hierba.

La impactante mancha de sangre en su ropa y la piel pálida daba una sensación de muerte; sin embargo, sentía su respiración, débil, pero ahí estaba.

Los soldados elementales comenzaban a marchar hacia aquí. Escuchaba los pasos apresurados por los pasillos y el jardín.

Pronto estaríamos rodeados.

Un rugido que hizo temblar las piedras se escuchó desde el tal Duque de Everhart cuando algunos soldados hicieron por apresarlo bajo las órdenes del líder.

Todo un caos, yo parado a un lado, pensando si seguirme inmiscuyendo o no.

Por la discusión a gritos, entendí que estos dos seres sobrenaturales se escondían bajo el disfraz de Duques elementales, en este Reino prisionero.

—Calmémonos todos, Sr. Regente, no es bueno acercarse ahora a este hombre. Es un lycan defendiendo a su hembra, va a destrozar a cualquiera que dé un paso adelante…

—¡No me diga lo que tengo que hacer en mi propio Reino! —el Regente le gritó a Quinn, que se había acercado a él para mediar.

El jardín hecho un caos, personas se asomaban por las ventanas del palacio, llenos de asombro y con ansias de chismes.

—Sé que es su Reino, pero ellos son criaturas sobrenaturales. Estoy seguro de que hay una explicación para las acusaciones…

—¡¿Qué sabes tú, engendro?! —le gritó el hijo del jefecito, dando un paso atrás cuando Quinn le gruñó un poco.

Maldito cobarde escondido detrás del culo de su papi.

—No me llames engendro, ni a mí, ni a ninguno de mi clase —Quinn habló fríamente y miró hacia el Regente de manera amenazante.

La paciencia se le acababa y su postura se tornaba peligrosa.

Comencé a acercarme a su lado; al final también era parte de esta absurda comitiva.

—No permitiré más faltas de respeto. He sido tolerante desde que llegué a sus tierras, pero frente a mi cara no van a asesinar a personas inocentes solo porque son diferentes a ustedes.

—Ya lo dijo todo en sus palabras, “embajador” —esta vez respondió Baltazar, al menos tenía más cojones que su hijito.

— No son bien recibidos, así que márchense de mi palacio. Además, los Duques de Everhart son miembros de mi Reino y los juzgaré como tal. No es quién para meterse en los asuntos de los elementales.

Quinn apretó los puños y escuché sus dientes traquear. Lo conocía demasiado bien como para sospechar lo que estaba pensando hacer.

Sabía que un paso en falso y regresaríamos a la guerra entre los Reinos; la situación era extremadamente delicada.

Miré a la pareja cerca del ciprés, los ojos rojos del lycan se cruzaron con los míos por un segundo.

No iba a cambiar a su forma humana, ni se entregarían, yo no lo haría. Yo lucharía a muerte por mi mujer, y por lo visto, él pensaba hacer lo mismo.

No podíamos dejarlos así como así, frente a una muerte segura.

—No me muevo de aquí hasta hablar con el Rey Espectro. No charlaré más con intermediarios —Quinn se plantó firme y yo a su espalda.

Las balas mortales suspendidas en el aire a su alrededor, detrás de él, la pareja de sobrenaturales.

Desde la bruma densa que lo rodeaba se dibujaron enormes bocas espeluznantes de espectros, llenas de dientes manchados e irregulares, sonreían con macabro deleite y tragaron los proyectiles, consumiéndolos, devorándolos.

—¿Quién te dijo que este era “tu palacio” o “tu Reino”? ¿Quién te nombró el dueño de los seres elementales?

Dos ojos afilados miraron al Regente, uno dorado como el sol y otro negro como la más profunda noche sin estrellas.

Sombras raras comenzaron a rondar por nuestros pies, al igual que gatos negros de la mala suerte aferrados a nuestros tobillos.

Hasta yo me estremecí de repelús.

Si no viese a Sigrid bajando de sus brazos y parada frente a él, de verdad consideraría aún a este hombre como nuestro mayor enemigo.

Un rival, que ni siquiera la Diosa puedo domar.

No era como los lycans, con la fuerza pura y bruta, sino algo más complejo y peligroso.

Todos lo sentimos y más que nadie el Regente y su hijo, que cayeron de rodillas en el acto, temblando e intentando darle explicaciones apresuradas a sus actos repugnantes.

Además, la mujer desmayada en el suelo, el testigo clave, finalmente logró reaccionar.

— Baltazar, habla claro, deja de balbucear idioteces y más te vale convencerme o perderás tu preciado puesto justo con tu cabeza.

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