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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 446

NARRADORA

Así, toda una conversación casual de por qué eliminó a sus dos fanáticos.

“Quieres que te dé un reconocimiento por la buena acción” Sigrid en realidad no se compadeció para nada de la muerte de esos dos.

“Deseo “esa” recompensa, lo sabes muy bien”

“Silas, contrólate y habla con los Duques” la Selenia le respondió, poniendo los ojos en blanco, su culito que se lo dejase en paz.

Se alejó por un momento para mandar a retirar los cuerpos y atender a la plebeya desmayada.

—Yo… no sé qué decir —Katherine se había quedado muda, como todos los demás.

¡Qué rayos el giro que tomaron estos acontecimientos!

—Primero que todo, Duque de Everhart, sé muy bien que no le han hecho daño a nadie dentro del Reino —Silas observó a los ojos de la bestia.

Elliot escuchaba dentro de su lycan, algo estupefacto, por demasiadas cosas.

Desde el mismo momento en que vio caer tan fácil la cabeza de su mayor carcelero.

El hombre que siempre lo había atormentado con su poder en el Reino, infundiendo dentro de su corazón el miedo a ser descubierto.

Si había dudado por un segundo de la letalidad del Rey Espectro, ahora estaba más que convencido de que Silas era un peligro andante.

“Vorath, cambiemos ya, necesitamos arreglar las cosas de otra manera.”

—Espera —la voz fría del peliblanco lo detuvo enseguida—. Transfórmate escondido, como te muestres sin ropa frente a mi hembra, te la cort…

—Ejem —Sigrid tosió, de regreso a la conversación y justo a tiempo.

No podía dejar a su hombre solo ni por un segundo.

La “sutileza” era algo que le brotaba por los poros a Silas, solo que él no tenía ni un puto poro.

—La chica será atendida, algunos soldados se la llevaron y despejarán a los curiosos —le dijo en voz baja a su macho, que enseguida agarró su mano entrelazando los dedos.

Vorath, después de mucha persuasión de Katherine y Elliot, asintió resoplando, y luego de darle una fuerte advertencia a Silas, se metió detrás de unos setos a cambiar.

—Yo le paso algo de ropa —Quinn se quitó la capa que llevaba—. Beof, llévasela, por favor.

El guardián fortachón quería preguntar por qué carajos él, pero se abstuvo y tomó la prenda para perderse entre los árboles.

Su mirada sutil cayó por última vez en Katherine.

Sería mejor mantenerse alejado de esta mujer, que solo le traería problemas.

Katherine también lo vio pasar, sintiéndose rara una vez más, pero lo dejó ir sin una mayor investigación.

—Muchas gracias, sus majestades. Yo, la verdad, no sabía de mi procedencia, es una sorpresa —la Duquesa de Everhart confesó.

Si su padre, que siempre codiciaba el poder, hubiese sabido la gallina de oro que había caído en sus manos, nunca hubiese acabado con su madre.

Katherine a penas procesaba toda la nueva información, pero el pedigrí no se le subió a la cabeza, tenían hoy un objetivo que cumplir.

—Quería abusar de su generosidad una vez más y hacerles una petición —se inclinó respetuosamente, decidió hablar; era ahora o nunca.

—Ellos querrán porque lo digo yo y ustedes…

—Silas —Sigrid lo atajó.

Diosa, tenía menos tacto que los muertos del tío Zarek.

—. Duquesa de Everhart, en las tierras del Reino Nocturne existen las ruinas del feudo De La Croix, su familia de hechiceras no sobrevivió. Son tierras inhabitadas; usted es la legítima heredera, puede reclamarlas y vivir en nuestro Reino. Son bienvenidos.

Sigrid le aseguró, viendo a los ojos complicados de la mujer.

La mirada de Katherine vagó hacia la de Elliot, ¿qué harían?

Podían tomar el poder de este Reino o ser unos seres sobrenaturales más en un territorio desconocido y también complicado.

—Nunca estarán solos, siempre contarán con nosotros y los guardianes. Los Reyes de Nocturne quieren cooperar, protegeremos a los elementales, las cosas irán bien, pero necesitamos de este lado a personas de confianza.

Con esas palabras, al final, Sigrid selló el destino de los Duques de Everhart, que pasaron a ser los nuevos Regentes.

—Muchas gracias, de verdad, por creer en mi inocen… cia —Katherine le había tomado las manos a Sigrid en un gesto de agradecimiento.

Sus palabras se fueron desvaneciendo y, de repente, no era el rostro sonriente de la Selenia lo que “veía”, sino su cara de dolor y esfuerzo extremo.

Gritaba y resoplaba, acostada en una cama, las piernas abiertas; la sangre manaba de ella, llantos inocentes.

Estaba dando a luz. Sigrid estaba dando a luz a criaturas extraordinarias.

“¡Katherine!”, escuchó el llamado de Elliot a su lado, preocupado al verla en trance, pero ella solo se aferraba a las otras manos femeninas, mientras su magia de clarividencia la hacía contemplar una increíble visión del futuro.

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