BEOF
Acostado contra el respaldar, miro a las dos mujeres al pie de la cama.
Semidesnudas, se besan eróticamente, acariciándose entre ambas, dándome miradas lascivas, masturbándose para mí con gemidos seductores…
Debería ser una escena que me endureciera.
Sin embargo, si antes me costaba trabajo lograr una erección completa cada vez que venía por sexo a los burdeles, ahora las cosas son más complicadas.
Desciendo mi mano hasta la bragueta, mi pene medio erecto por la calentada tan rica que cogí hace apenas unos minutos.
Me abro los botones y, a pesar de la escena frente a mi cama, mi cerebro me juega malas pasadas.
—Mmnnn… —Meto la mano y me saco la polla para manoseármela.
Hoy no me interesa, como siempre, observar sus reacciones al verme desnudo. Joder, solo pienso en ella.
En su piel tan blanca y sonrojada, sus curvas pronunciadas, su cuerpo meneándose dentro de esa jaula, esos muslos gruesos, las caderas perfectas para mis manos.
—Sshhh… —Me imaginé a mí mismo chupando las aureolas rosadas de esas enormes tetas—. Oh, sí, nena, sí…
Gruñí, ido en mi paja mental y física. Era mil veces más erótica que lo que estaba ocurriendo en esta habitación.
Mi puño rudo trabajaba mi verga arriba y abajo, regando el viscoso presemen que me rodaba desde la roja cabeza hinchada.
El tacto de mis dedos aún recordaban los pliegues de su coño.
Ni siquiera se lo vi, pero lo recreé en mi mente pervertida.
Aceleré el movimiento, arriba y abajo, mis bolas tensas. Abrí más las piernas con el pantalón atascado en los muslos.
Mis bíceps explotaban con el meneo de mi trabajo manual.
—Mmnn… quiero penetrarte, nena. Muero por cogerte… Ahhh, joder, sí… más… qué apretada… —Todo sucedía en mi imaginación cachonda.
Jamás me había ido tanto de la realidad deseando a una hembra.
No era mi mano callosa, sino su funda virginal la que rodeaba, resbalosa, húmeda, como la sentí con la exploración de mis dedos.
Mis caderas empezaron a moverse hacia arriba, mi pelvis embestía imitando las ardientes penetraciones.
La “veía” cabalgándome, sus labios pecaminosos cerca de los míos, sus gemidos deliciosos, ese olor que nunca pude definir muy bien.
¡Joder, joder, estaba a punto de venirme!
La sangre bombeando a mi columna, mis testículos duros, listos para dejar un desastre.
La “vi” pidiéndome con esa boca hechicera que me corriera adentro, y cuando estaba a punto de cruzar el límite del placer, algo me hizo regresar a este cuarto.
—¿Qué?… Mmm, no, no me toquen… espera…
Descubrí las manos de esas mujeres sobre mis muslos.
En algún momento se subieron a la cama y me acariciaban, gateando en cuatro cerca de mí.
Mis ojos lobunos se abrieron en una rendija y observé a una con la clara intención de agarrarme el miembro para finalizar el trabajo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...