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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 466

BEOF

Sus pasos retumbaron hasta la antesala. Escuché ruidos sordos de golpes y llantos, ¿las estaría golpeando?

Mi cerebro intentando procesarlo todo. Pensando si intervenir o no, ni siquiera entendía muy bien que había sucedido aquí.

Pasé de la calentura a la desilusión y luego de la calentura a la conmoción. No sé ni cómo mi soldado aún sigue de pie.

Me incliné intentando subirme los pantalones por los muslos, para al menos enfrentar el problema vestido.

Comencé a dar pasos sobre la moqueta, a ver cómo coño me guardo ahora dentro del pantalón, esta puñetera erección.

Ni falta que hizo. La puerta de entrada se cerró de nuevo de golpe. La escuché regresando apresurada por la antesala, venía al cuarto y mi lobo podía oler el peligro en el aire.

Aun así, no me transformé.

Tampoco pretendía atacarla, ni mucho menos. Por muy lycan que fuera, era una hembra y yo no peleo con hembras, menos con ella.

—Espera, vamos a hablar civilizadamente, no sé qué crees que… ¡espera, joder! —La vi abalanzarse sobre mí como una fiera, empujándome y arrojándome a la cama, que crujió peligrosamente con nuestros pesos.

En posición de loba salvaje sobre mí, me gruñó con esos afilados caninos apenas a centímetros de mi rostro.

Miré sus pupilas de color azul intenso. Estaba enojada, lo sabía.

—Cálmate, no sé qué… —Se acercó aún más, obligándome a exponer mi cuello. En mi vida me había quedado tan vulnerable y menos frente a una mujer desconocida.

Hermosa o lo que sea, me la iba a quitar de encima para hablar.

Este reto suyo ya no me estaba haciendo tanta gracia. Sin embargo, mi nariz se movió contra su pelaje.

La escuché olisqueándome a su vez.

Me hundí también en el collar de su cuello oscuro, algo dudoso. Mis manos subieron a su espalda para pegarla más a mi enorme cuerpo.

Era pesada, pero no lo suficiente como para aplastarme.

“Huele delicioso, es… mmmm… es mandarina… ella…” Soul se estaba perdiendo en las mismas sensaciones que yo.

Incluso me incorporé un poco a pesar de sus gruñidos.

Sentía su corazón latir con prisas, su enojo transformándose en miles de sentimientos complejos.

Soul se atrevió a colarse en su mundo interior a pesar de que la loba de ella le rugía arisca.

Estaba molesta porque Soul se había acercado a esas hembras.

“Mate… eres mi mate, pequeña… ¿Por qué no pude sentirte antes? ¿Qué hiciste? ¿Por qué te escondías de mí y me engañaste? ¡Dime!”

Soul se enfrentaba, enojado, a una hermosa loba de pelaje castaño oscuro. Sus ojos azules, desafiantes y heridos, lo miraban.

“Quería probarte para ver si me reconocías, ¡y preferiste enredarte con esas descaradas!”, escuché la voz melodiosa de su loba en mi cabeza.

“Yo no… no iba a hacer nada con ellas mi hembra… ¡era Beof quien se iba a bajar la calentura con ellas, yo me iba a encerrar en mi mundo interior!”

La verdad que mi fortaleza no era entender a las mujeres y, por lo que descubrí, la que la Diosa creó para mí, era un paquete completo al mundo de la locura.

—Entonces le pedí a una amiga que me ayudara, ¡pero nunca pensé que de plano me rechazaras! ¡Creí que te había gustado!

Se giró entonces a enfrentarme, dando varios pasos hacia la cama, impetuosa.

Yo viendo cómo me concentraba en sus palabras y no en sus tetas que rebotaban delante de mis ojos.

—¡Mírame bien, Beof! ¡¿Qué tengo de malo?! —Abrió los brazos y se mostró como su madre la trajo al mundo. Sentí que hasta la consciencia se me había parado.

—. ¡Pensé que el hecho de que fuera virgen te iba a gustar! ¡¿Cómo te atreviste a rechazarme para acostarte con esas dos mujeres?!

Me rugió de nuevo llena de ira. Una pregunta detrás de otra.

Ella misma cuestionaba y se respondía, luego volvía a hablar descontroladamente.

Todo mi autocontrol al límite. Entre la visión del manjar que tenía pavoneándose frente a mi cara, más su olor embriagante, me estaban nublando los sentidos.

Sabía que me debía enojar, carajo. Debía estar pensando en una conversación de adultos. Mencionaba nombres incluso conocidos, no sabía ni quién era realmente.

Pero mi instinto pervertido solo se fijaba en esas nalgotas moviéndose de un lado a otro.

¿Contaría como castigo mordérselas un poco y nalgueárselas bien delicioso?

No, no, no, Beof, concéntrate.

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