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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 474

NARRADORA

Joder, verdad que ahora era una lycan marcada y recientemente, ya su compañero estaba incómodo con tantos machos cerca de ella, a pesar de que sabía racionalmente que no eran amenaza ni competencia.

—Mara, nos alegra mucho verte y que hayas resultado ser la mate del valiente Beof—. Magnus le dijo, manteniendo la distancia prudente.

El lycan blanco se acercó a su compañera, abrazándola dominante. Sus ojos azules le daban una sutil advertencia a los otros machos.

—Bueno, y eso que la fiesta de verdad no ha comenzado—. Fenrir agregó guasón, era de los que le encantaba ver el mundo arder.

—¿Laziel se volvió a quedar dormido en cualquier sitio?—. Victoria miró más allá a su primo, como siempre desconectado del mundo.

—Estoy despierto—. La voz fría de Laziel se escuchó, levantándose del suelo y sacudiendo la túnica negra con bordados en plata.

Imposible dormirse con tanto cacareo.

—¡Ven acá, mi sobrino favorito!—. Fenrir caminó hacia él, agarrándolo del brazo y poniéndolo entre él y Magnus.

— Escúchame bien, nos separa en el viaje del grandulón con la testosterona revuelta, porque lo que menos quieren tus tíos favoritos es salir con una mordida de lycan en la yugular, ¿trato?

Sonrió todo animado en la cara tiesa de Laziel, que solo asintió.

—¿Viste, Magnus? ¿Eso que vi no era la brisa de una sonrisa?—. Se giró para decirle a su hermano, eran los únicos que bromeaban así con Laziel.

—Con esa cara paralizada, ¿qué brisa ni brisa?, ni siquiera un soplo —. Magnus bufó. —A nuestro Laziel hay que meterlo de nuevo en el útero de Sigrid y volverlo a sacar, a ver si se arregla.

—Chicos, chicos, ¡necesitamos irnos ya!—. Nyx apresuró el encuentro.

Laziel se puso al fin manos a la obra, todos hicieron un círculo con él en el medio, los machos lycan alejados de las mujeres y Beof.

El cielo del amanecer de repente se llenó de nubes tormentosas sobre el viejo bosque.

Los habitantes del pueblo temblaron ante las ráfagas de frialdad, mirando a las alturas con temor y respeto.

El aire batió por las ramas de los antiguos árboles, como lamentos de almas moribundas.

La hierba bajo los pies de los presentes comenzó a tornarse marchita. El círculo de muerte fue creciendo más y más hasta rodearlos.

—Joder, odio esta parte—. Dijo Fenrir, sabiendo muy bien lo que venía a continuación.

Laziel les había hecho este truco una vez.

La tierra empezó a temblar, a enlodarse, tragándose sus piernas.

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