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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 476

NARRADORA

Se había encontrado con su hija mayor y Lyra en el pueblo del feudo y, por suerte, Lavinia soltó toda la sopa antes de llegar aquí.

No podía contactar con su hermana y ya estaba entrando en pánico, cuando vio a su madre, fue como ver los cielos abiertos, a pesar de saber que no se libraría del regaño.

—Vengan acá, miren el espectáculo que hemos dado frente a los reyes. Elliot, termina de ser tan irracional. ¡Y cambia de una puñetera vez!—. Katherine agarró a sus hijas y le gruñó a su esposo.

A Amara fue a la que más fuerte agarró de la muñeca para que no fuese con su mate, o regresarían de nuevo al enfrentamiento.

La lycan se justificaba llorando, Lavinia intentaba interceder, Elliot en pelotas, Beof casi en pelotas, sangrando y pensando en qué decir para defenderse en el juicio que le venía encima:

«Suegrito, su hija me bailó semidesnuda en un burdel y se iba a acostar conmigo haciéndose pasar por meretriz. ¡Imposible resistir tanta tentación, la carne es débil!»

Ni aunque le cortaran la lengua confesaría eso. Protegería a su mate ante todo, así que esperaba salir de esta con la polla ilesa.

A un lado, la familia real miraba un poco curiosa la situación.

—Pobre Elliot, ahora me cae mejor ese lobo, lo considero…

—Cariño, ¿no se supone que debes hablar a favor de Beof?—. Valeria miró algo divertida a su rey—. Digo, porque él es tu amigo y el guardián de nuestro Reino.

—No sé, nena, está difícil escoger bando. Ahora mismo, Beof se me está pareciendo a cierto perver…—. Aldric miró de soslayo a sus nietos a un lado y se tragó los insultos hacia su padre.

No importaba cuánto tiempo pasara, un ladrón de cachorras seguía siéndolo, y Silas no saldría de su lista negra aunque muriera.

—Mamita, ¿podemos comer? Tengo hambre, cazamos un ciervo y tuvimos que dejarlo atrás —. Repentinamente, otro enorme pelirrojo abrazó a Valeria por detrás, dándole un beso en la mejilla.

Era la copia más joven de su padre, que ahora mismo exhibía una cara apestosa, parado al lado.

Ya eran unos lobos adultos… ¡y seguían pegados a su hembra como nenazas! ¡Ni Sigrid había sido tan pegajosa con su madre!

—Cachorro, siempre tienes hambre. Estamos de invitados, ¿cómo se te ocurre que voy a estar mandando al igual que en casa?—. Valeria le acarició la barba corta a su hijo, pensando en la manera de alimentarlos.

—Podemos cazar de nuevo, ¿tienes hambre, mamá?—. Magnus se acercó por el frente, besando la otra mejilla de su amada madre, que le respondió que no con cariño, encerrada entre puro músculo como una cosita que casi no se veía.

A Aldric le saltó un tic nervioso en el ojo. No veía la hora en que alguien viniese y se robara a sus hijos, ¡quién fuera!

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