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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 477

NARRADORA

—Cada vez que te veo, te pareces más a nuestro padre…

—¿Te suenan las palabras “gemelos idénticos”, tonto? Tú también te pareces…

—¡Oye!

—Dejen de balbucear ustedes dos y vayan a cazar. Procuren que, cuando regrese, haya mínimo dos jabalíes bien gordos—. Aldric se les acercó con cara de pocos amigos.

—¡¿Jabalíes aquí, papá?! ¡Aquí no hay casi…!

—Ya nos vamos, lo traeremos, papá—. Magnus agarró por el collar de la túnica a su hermano antes de que Aldric le bajara un guantazo.

Es que Fenrir se los rifaba de a gratis.

Era obvio que su padre, como siempre, los alejaba de su madre Selenia para que, cuando regresaran de la cacería, ya él estuviese con ella.

—Laziel, alto ahí. Ve a ayudar a tus tíos —Valeria lo agarró, escabulléndose. Ese cachorro era más introvertido que una tortuga.

—Mima, dejé unos experimentos a medias. Los tíos saben cazar muy bien —con la persona que Laziel mostraba más “calidez” era con Valeria.

Luego su madre y bisabuela, pero la abuela se había ganado el puesto de favorita en su corazón.

—Mima, nada. Ve, cachorro, tienes que salir a que te dé el aire —Valeria se le acercó, acariciándole el rostro de nácar, que hacía contraste con su cabello tan oscuro.

Los ojos dorados miraron fijamente a los azules intransigentes.

Podía ser muy príncipe de los espectros o lo que quisiera, pero frente a la “mima” siempre sería el cachorro de la abuela.

—Bueno… —Laziel, con más de veinte años, claudicó finalmente.

Si algo era sabido, es que la jefa del Reino y de toda la familia, siempre eran las Reinas Selenias. Esta vez, tampoco fue la excepción.

Con todo dicho y hecho, Aldric fue a salvarle “las castañas" a Beof.

Valeria se fue con sus niñas a buscar el lugar perfecto para hacer un picnic con asado al aire libre y los machos se marcharon de cacería.

Con Laziel acompañándolos, la tarea imposible de encontrar jabalíes se haría posible más rápido.

Parte de la familia real disfrutó de un rico almuerzo en la naturaleza, entre risas y bueno… algunos chichones.

*****

UNOS DÍAS DESPUÉS…

Lavinia miraba desde el balcón en el segundo piso la gran celebración en el jardín trasero del palacio.

El Reino Elemental estaba de fiesta; la hija menor del Regente se había emparejado con su macho.

Eso aseguraba la continuidad del linaje.

Nadie se quejaba más del cambio de liderazgo, Katherine y Elliot habían sido un millón de veces mejores Regentes que los pasados.

Del Rey Espectro, bueno, se podía decir que brillaba por su ausencia como siempre. Todos lo veían normal, eso lo hacía ver incluso más “misterioso”.

Por supuesto, también estaban las mezclas con otras razas, como la fortuna de su madre.

—Tampoco moriré por eso —susurró Lavinia sin darle mucha importancia al asunto.

Treinta años para una vida de cientos de años no representaban nada y, muy al contrario de lo que todos pensaban, a ella no le interesaba para nada encontrar a su compañero.

Su hermana era la romántica, la que siempre había soñado con su mate. A ella le gustaba la libertad de hacer sus cosas sola, de experimentar con su magia de transmigración.

Soñaba con viajar a otros sitios misteriosos, increíbles. Presentía que más allá del velo de este mundo había otros reinos, otros seres, otras tierras.

Ella podría llegar hasta donde quisiera, solo que las investigaciones de sus ancestros se quedaron inconclusas. No era tan fácil y Lavinia misma se encontraba algo frustrada.

De repente, el collar de obsidiana en su cuello se calentó tanto que comenzó a quemarle la piel.

—¡Sshh! ¿Qué rayos? —tiró enseguida de la cadena, examinándose el pecho donde se había quedado una marca al rojo vivo.

Observó la piedra, que fluctuó en varios colores. ¡Algo estaba sucediendo!

Corrió hacia la torre más alta del castillo y se asomó por la ventana en arco para observar hacia la lejanía, en dirección al paso de las montañas.

Su instinto le decía que en ese sitio lleno de misterios sin resolver, algo grande iba a acontecer.

—Tengo que ir —Lavinia tomó la decisión en el acto.

— Hay un disturbio. Algunos espectros se están escapando hacia el paso en las montañas. Voy contigo —de repente escuchó la voz de Laziel a su espalda, sobresaltándola.

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