LYRA
No sé dónde estoy ni qué me sucedió.
Mi cuerpo se siente como licuado, desmembrado y vuelto a coser de mala manera.
Un gemido doloroso sale de los labios de alguien. Creo… creo que soy yo misma.
Mis largas pestañas parpadean con cansancio, solo quiero quedarme dormida para siempre. Recuerdos vagos inundan mi mente.
—Aahh… —gimo de nuevo al intentar mover la pierna derecha y una punzada excruciante recorre mi cuerpo.
Mis ojos se abren y se cierran con molestia; la luz repentina me apuñala las retinas.
"¿Aztoria?" llamo a mi loba y comienzo a entrar en pánico al no sentirla.
No tengo muy claro si está débil o si es algo peor.
Tomo la autonomía de mi cuerpo y me voy incorporando lentamente. Estoy herida por todas partes y sin sanar muy bien.
Mis poderes están restringidos. Flashes aparecen en mi cerebro embotado.
Estaba con mis hermanos, con… con Lavinia. Sí, sí… y también con Vicky.
El rostro de Laziel gritándome que me aferrara a su mano asalta mi cabeza.
Me incorporo de golpe. ¡Fui engullida por un portal de traslación!
—¡Aasshhh! —me llevo la mano a la frente. El líquido carmesí me mancha los dedos y baja, dejando un rastro en mi rostro.
Me siento sucia. Estoy… estoy sobre barro. Esto… ¿dónde es?
Miro a mi alrededor a través de las rendijas de mis pestañas. Me encuentro en medio de un bosque, pero no uno que haya conocido jamás.
Los árboles me rodean, los troncos oscuros, gruesos y gigantescos, con cadenas retorcidas de raíces creciendo bajo la tierra y entre las malas hierbas.
Se escuchan algunos animales lejanos, pero más bien reina la quietud.
Logro ponerme de pie con mucho esfuerzo. Siseo bajo por el dolor, mi vestido todo rasgado y lleno de hojas muertas y tierra húmeda.
Me quité capas de la pesada falda y me hice varios torniquetes, tratando algunas heridas abiertas.
Sé muy bien de medicina y botánica. Me encantaba estudiar con las brujas blancas y aprendí cosas útiles de la naturaleza, porque no podía hacer magia como mis hermanos.
Me decidí a caminar, con precaución, pero llena de determinación, intentando ubicar esta parte del reino.
Los árboles parecían crecer hasta el cielo; las anchas hojas se solapaban unas con otras, no dejando ver mucho hacia las alturas.
Creo que era mediodía, no estaba segura, pero el calor era insoportable, aun en las sombras.
Entre el dolor, que iba en aumento, y las temperaturas asfixiantes, apenas había caminado unos metros y ya sudaba a raudales, jadeando con la garganta seca.
—Maldit4 sea… ¿dónde estoy? —observaba desesperada mi entorno. Solo bosque espeso, salvaje, demasiado diferente. No parecía estar en mi reino.
Pensé en buscar algunas plantas medicinales conocidas, pero la fauna aquí también era distinta.
Al borde de hiperventilar, escuché el sonido del agua.
Desesperada, cojeando y apretando los dientes, llegué a un pequeño riachuelo que surcaba entre guijarros.
Me arrojé a la orilla como un peso muerto. Examiné el agua; se veía cristalina y transparente, con algunas plantas acuáticas desconocidas en las profundidades.
Esperaba que no estuviese envenenada, de verdad lo esperaba, pero no podía más con la sed.
Ahuequé mis manos y recogí un poco para llevarlo a mis labios agrietados y ensangrentados.
—Mmm… —incluso suspiré por la frialdad y el preciado líquido humedeciendo mi garganta.
Cerré los ojos por un segundo, ajena al peligro que me acechaba entre la maleza.
Con mi instinto de loba debilitado, no me di cuenta de que estaba siendo cazada.
Volví a inclinarme para tomar otro sorbo, pero me quedé congelada ante el reflejo del monstruo que vi detrás de mí, justo a mi espalda.
Solo me dio tiempo a girarme, siseando amenazante, con mis colmillos afuera, chapoteando mientras gateaba hacia atrás.
Llamando desesperada a mi loba que no acudía a mis gritos de socorro.
Mi corazón paralizado, mi mente procesando lo que veían mis ojos.
Esa criatura era gigantesca.
Un monstruo parado en sus dos patas traseras, de más de cuatro metros de altura, con largas y afiladas garras en las patas superiores que utilizaba para atacar.
Su armadura se veía robusta, llena de escamas blindadas, que me dio la sensación de que brillaban en tonalidades verdes.
Rugió, abriendo las impresionantes fauces llenas de dientes puntiagudos como serruchos.
Diosa… me podía arrancar la cabeza de un mordisco.
Aún se podían ver restos de su última comida, y no eran precisamente moras salvajes.
La adrenalina impulsó mi supervivencia. Lo que sea que fuera este depredador, no me convertiría en su próxima víctima.
Tanteé a mi espalda, con las manos llenas de apremio, salpicando agua. Solo pude agarrar piedras, que comencé a lanzarle para detener sus pasos acechantes.
¡Eso solo lo enfureció más!
En un segundo avanzó rugiendo hacia mí, saltándome sobre la cabeza.
¡Me la arrancaría de una vez!
Vi la muerte de frente y solo pude pensar en mi familia… en que moriría lejos de los míos.
Mis manos repentinamente se cerraron sobre algo dentro del agua. Parecía una lanza, un palo, no sé.
Me levanté con todo el ímpetu que pude reunir…
—¡AAAAHHH! —grité con fuerza, aferrándome a la rama y empuñándola frente a su boca abierta.
El tufo fétido me golpeó en el rostro y vi el rojo de su garganta vibrante.
Una rama afilada no me salvaría, pero estaba dispuesta, al menos, a sacarle un ojo a ese infeliz o atragantármele.
Antes de la colisión suicida, algo insólito sucedió.
Alcé la mano para encajarle el “arma”, pero no se enterró en ese monstruo, sino en un hombro musculoso.
Como en cámara lenta, lo presencié todo. La aparición de un hombre desconocido.
A mano limpia, se enfrentó a ese depredador.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...