LAVINIA
A medida que nos íbamos acercando, me sudaban cada vez más las manos.
Mis ojos bajaron a esos sexis labios que se veían por fuera de la máscara.
Su piel blanca, esa mezcla de belleza etérea y bestia peligrosa.
—Su… su majestad —lo saludé cuando estuvimos frente a frente, haciendo un saludo con la cabeza e intentando controlar los latidos de mi corazón.
—Srta. Rosemarie —me estremecí al escuchar su voz profunda y magnética.
Si me quedaba un mínimo de duda de que era Laziel, lo acababa de comprobar.
Subí la mirada a esas pupilas doradas que me observaban, llenas de oscuras promesas.
Mi mano fue sostenida por la fría de Laziel.
La otra rodeó mi cintura de manera posesiva y me pegó a su cuerpo más alto.
Mis senos contra su duro pecho. Bajó la cabeza para quedarnos a apenas centímetros de distancia.
—No te pongas nerviosa, Lavinia, no te voy a morder… aún —susurró en voz baja contra mis labios, con la silueta de una sonrisa maliciosa en la esquina de la boca.
Tragué en seco, con la cabeza a punto de echar humo.
¡¿Quién era este hombre seductor?! ¡¿Dónde quedó el niñato Laziel?!
La música sonó más alto y comenzó a guiarme en un vals lento, armonioso, danzando por todo el salón a media luz.
Solo él y yo existíamos, solo nuestras miradas intercambiándose, mi magia reaccionaba con la suya, intensa y afilada.
Me estaba gustando demasiado esa sensación de rendirme a sus deseos, a su posesividad, dejándolo entrar en mis venas, sumiéndome en su oscuridad.
Su respiración se fundía con la mía; ese aroma a noche y estrellas, a jugar con lo prohibido, me tenía excitada y curiosa.
Nuestros pies en perfecta armonía, su mano acariciando mi cintura.
Se inclinó a solo milímetros de mi boca, podía sentir su fuerte corazón y su aura apasionada.
—Lavinia, deseo tanto besarte… —susurró a punto de pasar la barrera, era mi última oportunidad para decir que no.
—Entonces hazlo… —jadeé con la lujuria quemando en mis venas.
Fui atrevida y él me dio una sonrisa ladeada y sexy. Este Laziel me estaba enloqueciendo.
Su lengua lamió eróticamente mi labio superior sacándome un gemido, el pulgar me acarició el inferior y me hizo abrirme a su apasionante beso.
Los labios fríos se movieron sobre los míos, su lengua penetró, dominante y ardiente, deliciosa como todo lo que me estaba haciendo sentir este hombre.
Sus manos me acariciaban sobre el vestido, el lateral del cuello y la nuca; nunca dejamos de bailar mientras nos besábamos.
—Mmnn —gemí jadeando, las pestañas se abanicaban y miré a sus ojos entrecerrados que me devoraban como una bestia a punto de despertar.
Tan hermoso y peligroso.
Me siguió guiando en este vals extraño y cuando miré a mi alrededor, ya no estábamos en ese castillo primitivo.
—Laziel… —lo llamé con temor.
Él estaba parado a unos metros, sus pies flotando en la nada, el caos se extendía a nuestro alrededor.
—Ven, Lavinia, confía en mí, déjame mostrarte mi mundo —extendió la mano y miré sus dedos con los ojos muy abiertos.
Sentía que me hundía en un agujero oscuro, cosas raras se movían sobre nuestras cabezas.
¿Estaba dispuesta a atravesar ese velo? ¿Qué me esperaba más allá?
Mis instintos me gritaban peligro, que aún estaba a tiempo de retroceder, pero mi alma me impulsó a dar el siguiente paso.
Extendí la mano y me paré en el borde.
—Acércate…
—No, ven. Ven, Lavinia…
Y lo hice, mi pie pisó el vacío, sin querer siquiera mirar hacia abajo, sentía miedo y excitación… otro paso… y otro…
Comencé a sonreír sin poder creer que caminaba sobre la nada.
Laziel me estaba mostrando una magia tan poderosa y pura que jamás había experimentado.
Sin embargo, a punto de tocar sus dedos…
—¡LAZIEL! ¡AAAHHH! —mis pies dieron una pisada en falso y me vi cayendo al vacío.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...