LAVINIA
Mis ojos asombrados, las manos aún estiradas, mis cabellos moviéndose con el viento que pasaba a toda prisa, silbando en mis oídos.
Él me miraba desde arriba y se iba perdiendo de mi vista nublada.
—¡Laziel, maldit4 sea! ¡Deja de jugar y baja tu trasero ahora mismo! —el susto fue sustituido por el enojo, el miedo a caer mezclado con la ira.
Una risa juguetona se escuchó en el vacío. Fuertes brazos me atraparon y sentí el aleteo de alas.
Fui sostenida contra su duro pecho vibrante, estaba de buen humor, mientras yo lo seguía maldiciendo.
—¡Soy mayor que tú! ¡Deja de…! —sus labios se estrellaron con los míos.
Su beso profundo, su lengua enredando a la mía, sus gemidos roncos, sus manos ardientes arrancando las telas de mi vestido hasta desnudarme.
Caí en la más profunda oscuridad y el primer Nocturne me llevó hasta su mundo lleno de pecado y lascivia.
Estábamos parados sobre la cima de una torre negra de acero, opresiva, con columnas afiladas como garras inclinadas hacia nosotros.
Nubes de tormenta nos rodeaban y relámpagos a lo lejos. Solo una enorme cama de sábanas negras llenaba el espacio sin paredes.
Pero mis ojos no miraban el mundo onírico que había creado Laziel para nosotros, sino que devoraban el cuerpo desnudo de ese hombre frente a mí.
Cada cicatriz, cada músculo fibroso y poderoso, ese grueso falo erecto y venoso, agresivo e hinchado de deseo… shshh… moría por tenerlo jodiendo bien profundo en mi coño.
—Ya veo que el niño creció muy bien —le dije con burlas, era hora de recuperar algo de dignidad.
—Ya veo que la niña llorona que no sabía abrir portales también creció demasiado bien… —sonrió de medio lado mientras pasaba los ojos descarados por mi cuerpo lleno de esas cintas que apenas me tapaban.
Bufé ante su respuesta. ¿Desde cuándo había aprendido a responder tan bien?
—Tenía derecho a pedirle un favor al “Rey” y ya que te veo tan chistoso, quiero hacer mi petición —subí la cabeza con altanería.
—Soy todo oídos —susurró ronco, dando otro paso hacia mí.
—Arrodíllate —ordené, señalando el suelo—. Quiero esa lengua tuya hundida en mi coño, ahora.
Le dije como una tirana, mis propias palabras haciéndome estremecer de expectativas.
—¿O es que no sabes cómo hacerlo? - alcé una ceja
— ¿De veras te has acostado con una mujer alguna vez? —intenté hacerme la chistosa, pero maldit4 sea, eso lo pagué bien caro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...