NARRADORA
MIENTRAS TANTO…
Aun lejos de la manada real, Lyra, Drakkar y su gente, seguían luchando por sobrevivir.
—¡Usen los remos! —gritó Drakkar a los demás guerreros, siguiendo las indicaciones de su hembra.
—¡No despliegues la vela, hay demasiado viento!
Antes de que Lyra pudiese advertirle, la piel que hacía de vela e impulsaba la barca rústica se le fue de las manos a Lorenzo y voló con el viento.
Lyra se estaba arrepintiendo de atravesar este pedazo de mar para llegar más rápido a las tierras de las Manadas Altas.
—Lo lamento —Lorenzo frunció el ceño, mirando con pesar el cuero que se iba, pero sus manos sangraban por las cortadas de la cuerda de cáñamo.
Nana enseguida sacó las hierbas medicinales de su morral para ayudarlo.
Ahora hacía de ayudante de Lyra, como curandera.
Cuando Drakkar pensaba en contramedidas, algo sucedió que cambió el rumbo de las cosas.
—¡¿Qué es eso?!
Lyra escuchó el clamor de los lobos y miró hacia el frente para descubrir un barco mucho más elaborado que los simples troncos con cuerdas que ellos habían unido.
—¡¿Quiénes son y qué hacen en las aguas de la Manada Alta del Sur?!
¡Habían llegado a su destino!
—¡Somos comerciantes que vinimos a vender nuestros productos! —Drakkar dio un paso adelante, escondiendo a su hembra detrás de su ancha espalda.
No le gustaba para nada la mirada de interés que le estaban dando esos machos a su Lyra.
Sobre la embarcación hubo movimiento, palabras en voz baja, hasta que se tomó una decisión.
—¡Síganos a tierra firme!
Le dijeron, y así lo hicieron, usando los remos rústicos.
De solo ver sus dos embarcaciones pobrecitas y el barco robusto, más las ropas, accesorios y el aura de esos guerreros, se dieron cuenta de sus desventajas.
Lyra reparó en algo más complicado. Esos tipos tenían intenciones ocultas con ellos.
“Escondan sutilmente las dagas bajo las pieles y los zapatos, alertas todos. Drakkar, habrá problemas.”
Le dijo a su hombre, descubriendo la orilla a lo lejos.
Para empezar, reparó en la enorme diferencia entre el territorio donde había caído y esta parte del continente.
¿Por qué esos lobos querrían comercializar con una manada más atrasada?
Las barcas encallaron en la playa y comenzaron a bajar sus dos carretas forradas y cubiertas.
Las hembras en la retaguardia y protegidas por los hombres.
—Díganme, ¿qué quieren comerciar con nosotros? —se acercó un guerrero a Drakkar, mirándolo con desdén.
Sin embargo, sus ojos codiciosos miraban sutilmente a Lyra de otra manera.
—Trajimos pieles y carnes, queremos comprar cosas en su manada.
—¿Pieles? —miró hacia la ropa de la tribu, alzando una ceja con sarcasmo—. Claro, los invito a irse en nuestros carros para invitados especiales.
Lyra miró más allá, una empalizada de donde salían dos grandes jaulas con ruedas.
Esos tipos de verdad los daban por tontos. Parece que la esclavitud existía de este lado.
Pero lo peor es que más guerreros salieron del interior, las cosas se ponían peligrosas.
—No vamos a montarnos en sus “carros especiales”. Nosotros podemos ir andando, nos quedaremos en un lado del bosque.
Lyra le respondió tomando su papel de curandera.
—Que conste que lo intenté hacer por las buenas…
Con una señal de la mano del guerrero, saltaron sobre ellos los guardias.
Con lanzas afiladas en las manos y cuchillos de acero, pero jamás contaron con que los pobrecitos tenían armas secretas.
No podía ser lo que pensaba, después de tantos años, pero cuando sus ojos se cruzaron con la mujer joven que estaba al fondo, su corazón dio un vuelco.
Estuvo a punto de bajarse y acercarse a ella.
Su lobo intentó llegar hasta la pequeña loba, pero solo se encontró con una barrera impenetrable.
No solo su parte animal lo bloqueó sin misericordia, sino que la hembra esquivó su mirada y se escondió entre las otras.
—¡Ya basta! —rugió, deteniendo el enfrentamiento—. ¡¿Acaso esta es manera de tratar a unos comerciantes de tierras lejanas?!
Avergonzó a sus hombres, que bajaron la cabeza.
El “rehén” estaba apretando los dientes con odio. De todas las personas, tuvo que venir ese estúpido del Beta.
Si fuese el hijo del Alfa, tomarían a estos mamarrachos de esclavos.
—Son invitados a nuestras tierras. Les doy mi palabra como el Beta de la Manada Alta del Sur. Suelte al guerrero Persy —William ordenó, bajándose de su bestia y tomando las riendas.
—Pueden seguirme. Persy, ¡te quiero ver en el campo de entrenamiento en una hora! —decretó, y el rehén se estremeció sabiendo el castigo que le esperaba.
William era tan cruel como magnánimo.
Drakkar miró a Lyra y ambos asintieron.
Con las armas aún preparadas, recuperaron sus dos carretas y dejaron atrás las barcas para echar a andar por un camino de tierra.
Entre ellos, Nana se apretaba el pecho con la cabeza baja, queriéndose perder entre las demás mujeres.
No podía ser. ¿Por qué esta coincidencia?
Había encontrado a su mate de segunda oportunidad y no era otro que el indomable Beta pelirrojo.
Ella no quería estar atada a otro macho como Verak o su anterior mate.
Si él se le acercaba, solo tenía unas palabras que decirle: Te libero de este lazo.
Pero si él intentaba reclamarla a la fuerza, le enseñaría lo que pasaba cuando una loba ya no quería ser de nadie.
Ya asesinó al primero y no le importaba mancharse las manos de nuevo por su libertad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...