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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 558

NARRADORA

—Mi madre lo salvó y pasaron por muchas cosas para convertirse en una pareja y reconocerse —Lyra fue a decirle el punto de la historia.

—Mi padre tenía heridas muy profundas en su alma, Nana, pero cuando llegó la persona adecuada fue valiente y se atrevió a abrir su corazón.

Nana esquivó los ojos de Lyra.

Parece que ella había descubierto su secreto con el Beta.

—No dejes que las malas experiencias te impidan ser feliz. No te cierres por completo a amar —Lyra suspiró.

Ya no podía hacer nada más por Nana, solo esperaba que ese macho de verdad fuese bueno con ella.

—Recógeme más de aquellas hierbas. Necesito hablar con Drakkar.

—¡Espera…! —Nana fue a incorporarse, pero ya Lyra había dado la espalda y se perdía entre el follaje.

Se quedó sola en medio del claro, o no tan sola.

Reina se levantó de repente, su nariz al fin captando en medio de tantas plantas, el aroma a pino salvaje.

Todo el cuerpo de Nana se tensó y al escuchar las pisadas acercándose a su espalda, quiso salir huyendo.

Pero tan solo dio algunos pasos cuando su brazo fue sujeto con cuidado.

—Espera, por favor…

William no recordaba lo que era estar tan nervioso. Llevaba tiempo espiándola, esperando esta oportunidad.

—Necesito hablarte, yo… creo que me has reconocido como yo a ti —le dijo sintiendo el temblor bajo sus dedos.

Ella le temía, maldit4 sea, quizás por su tamaño tan exagerado, o su rostro severo.

Intentó bajar su aura al mínimo, su lobo aguantándose las ganas de rodear a la pequeña lobita arisca.

—Somos mates. Sé que soy un desconocido para ti, solo te pido la oportunidad de conocern…

—No —Nana se giró recuperando su brazo con un jalón brusco— No necesito ningún macho, podemos disolver el lazo ahora mismo. Yo, Nana…

—¡Espera! —las manos enormes de William fueron a taparle la boca.

Bajo la palma callosa se sentían los suaves labios, pero también el miedo de Nana le dio de frente como una bofetada.

William la soltó en un segundo. ¿Por qué todo estaba resultando tan mal?

—No quise asustarte, ¡maldición!... o sea… lo lamento, soy un poco brusco y hace mucho que no hablo con una hembra de esta manera… ¡no es que hablara con muchas mujeres antes!

Se rectificó enseguida. Por el Rey Lobo, se sentía tan ridículo.

Era viudo hace casi diez años y había perdido toda la práctica.

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