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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 559

NARRADORA

—No te obligaré a nada que no quieras, no te voy a tocar, es solo conocernos y hablar, Nana, te lo juro por mi vida, jamás te haría daño.

William le dijo mirando su nuca, donde la cicatriz de unas fauces aún no se habían borrado por completo.

Era brutal, se notaba que se había hecho salvajemente y de repente sintió tanto odio por el hombre que la había dañado de esa manera.

Entendió por qué ella lo rechazaba.

Nana no respondió, solo echó a andar con la cabeza baja y las manos sujetas con fuerza a la cesta de enredaderas.

Pero por dentro no estaba tan tranquila como aparentaba, ni era tan indiferente a William.

Ese macho grande y poderoso, como un oso protector, a Reina y a ella le habían gustado.

Aun así, no pensaba ir a ningún baile, pero sus ideas cambiaron más tarde.

—Los hemos llamado porque necesitamos ideas de cómo recopilar información importante de la manada —Lyra los reunió a todos en la parte de atrás de la cabaña de madera.

No era muy grande, apenas tres habitaciones, más la parte del baño y la cocina, pero para ellos ya era mucho mejor que sus cuevas.

—¿Y si intercambiamos las armas por información?

—Quizás podamos infiltrarnos.

—¿Por qué es tan difícil ver a su curandero?

—Ellos le dicen sacerdote…

El debate comenzó y, al final, no se encontraba un camino seguro. Quedarse sin armas tampoco era una opción.

No sabían si había Gaia de este lado.

Los ojos de Nana se cruzaron con los de Lyra, pero solo fue un segundo.

Lyra no la presionó a pesar de que ella podía tener acceso a una de las personas más importantes de la tribu.

La escena se hizo acalorada, comían el asado y seguían proponiendo una idea más descabellada que otra.

—Yo lo haré… —dijo de repente en voz baja y nadie la escuchó en medio de la algarabía.

—¡¡Yo lo haré!! —gritó con mayor convicción.

—Ay caramba, Nana, qué susto mujer… —la Lorencita a su lado se llevó un susto de muerte por su alarido.

Los ojos plata de Lyra se intercambiaron con los de ella, dándole un asentimiento lleno de orgullo.

Nana recordó muy bien lo que le había dicho de su padre.

Ella no quería ser una víctima para siempre.

“Lyra, deseo ser increíble, así como tú.”

*****

Esa noche William tenía un camino abierto por sí solo.

De aquí para allá, espantando a las luciérnagas entre la hierba.

—¡No!... no importa —William bajó el entusiasmo— llegas perfecto. Estás… hermosa.

Tragó en seco, "hermosa" no le hacía justicia. Se estaba derritiendo de deseo y anhelo por esta omega.

—Es por aquí —le señaló el camino hacia las luces lejanas de la manada y Nana caminó a su lado.

Ambos en silencio.

El Beta no sabía cómo hablarle para no asustarla y ella pensaba en qué momento le sacaba información.

Al final, no podía olvidar su papel de espía.

Pero al ver las maravillas de esa manada, la mente de Nana se quedó un poco en blanco.

William la pasó a través de las murallas. Todos lo trataban con respeto y la miraban de soslayo con curiosidad.

Las calles eran de piedra, las casas más hermosas que donde se quedaban.

Una ciudad entera, inmensa, con miles de inventos nuevos.

Cuando llegaron a la plaza, estaba llena de puestos de ventas y antorchas de farolillos.

William observaba fascinado a los ojos brillantes de la Nana que parecía una niña descubriendo el mundo por primera vez.

—Ven, probemos cosas ricas —la tomó de la mano antes de que ella reaccionara y la llevó a los puestos.

Nana sintió la calidez del tacto masculino y no se resistió.

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