LAVINIA
Estaba emocionada por haberlo logrado, algo tiraba de mi magia hacia el interior, pero al dar un paso en el umbral, la mano de Laziel me sostuvo con fuerza del brazo.
“Cuidado, hay un enemigo en las sombras.” Me tensé al escuchar su advertencia.
Mis ojos agudos escanearon con atención la niebla más allá de la barrera y sentía mucha malicia, pero supuse que era por tanta energía oscura reunida adentro.
—Cuando la abrí, la puerta nunca dio a este sitio. Ven, siempre a mi lado —nuestras manos se entrelazaron y Laziel me llevó a seguirlo.
No importa lo que hubiese dentro, teníamos que hacerle frente porque presentía que era la clave para regresarnos a casa.
Al sumergirnos en otro corredor rodeado de bruma y donde apenas se veían nuestras siluetas, escuché la puerta cerrarse a nuestra espalda con un estruendo.
Mi corazón se saltó un latido. ¿Qué diantres se escondía aquí adentro?
“No tengas miedo, jamás dejaré que nadie te haga daño.”
La voz peligrosa y a la vez protectora vibró en mi mente, dándome seguridad.
Mis dedos se apretaron entre los suyos. Es cierto, el príncipe de los espectros ahora era mi amante.
El pasillo que parecía interminable, opresivo, como si las paredes se fueran a cerrar de repente sobre nosotros.
Al fin vimos la luz y salimos a un salón más amplio cavado en las mismas entrañas de la tierra.
La oscuridad se arremolinaba por los rincones y lo único enfocado con una luz sobrenatural era una silla colocada en medio de la caverna, como un trono y sobre él… una mujer.
—¿Cómo puede conservarse así? ¿Será igual que los muertos vivientes de Zarek? —me asombré al mirarla.
Si no fuese por la capa gruesa de polvo y la piel grisácea y mustia, estaría segura de que estaba solo durmiendo.
—No, ella murió, mira su cuello —entonces reparé en el corte profundo que rodeaba su garganta.
Su mano derecha caía sin fuerzas por el reposabrazos y la otra… simplemente no existía, había sido cortada.
En el suelo yacía una daga ennegrecida por restos de sangre.
—¿Se… suicidó? —murmuré avanzando por el sendero de piedras brillantes que me llevaba hasta el centro, hasta esa mujer misteriosa.
Algo en ella resultaba demasiado familiar…
—Es Drusilla de la Croix, mi madre fue quien le cortó el brazo —la voz de Laziel habló detrás de mi espalda, pero yo parecía obsesionada con tocarla.
Algo tiraba de mi cuerpo hacia la hechicera con los ojos cerrados y la cabeza baja.
Su cabello era un amasijo de canas y pelo negro que caía largo y lacio tapando parte de su vestido.
No noté cómo cambiaba la atmósfera a nuestro alrededor, ni en el momento en que Laziel no pudo avanzar más conmigo, ni oí sus palabras de advertencia en mi mente… necesitaba saber…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...