LAVINIA
«Yo me quedé tan estupefacta como Drusilla, pero claro, si nosotros podíamos pasar a otros espacios y mundos, también del otro lado se podía acceder a este continente.
Pude conocer al príncipe Alfa, a través de estas memorias perdidas.
Era un personaje demasiado curioso, a pesar de ser un hombre lobo, podía manejar la magia de hielo e incluso materializarla en la forma de ese lobo que siempre lo perseguía.
Su compañera también vino con él y un grupo de criaturas demasiado extrañas y peligrosas.
Eran cuatro, un macho con su hembra y dos cachorros, gigantescos, forrados de escamas negras como una armadura impenetrable.
Daban un terror inigualable, pero Aidan Walker los controlaba como cachorros.
Fueron invitados por Drusilla al palacio con invitados distinguidos.
Estoy segura de que ella vio la posibilidad de ser gentil para escapar con ellos a su reino de hombres lobos y hechiceros.
Pero jamás imaginó que solo había invitado la calamidad a su puerta.
Cuando el Rey Lobo conoció a Isabella, la hechicera mate del príncipe de hielo, se obsesionó con ella.
—¡¿Qué?! ¡Estás loco! Ese hombre es muy poderoso y no solo por los bichos que controla, ¡¿has visto su magia?! ¡Es demasiado dominante!
Drusilla miró espantada al Rey Lobo cuando le confesó que sentía a Isabella como su mate.
Ella, al estar emparejada con Aidan, por supuesto, ni lo miraba.
—¡Me tienes que ayudar Drusilla, no olvides que estás viva por mi misericordia! ¡Ya tengo a tus aprendices que extraen poder, no te necesito como antes!
Y Drusilla tuvo que bajar la cabeza y rumiar su odio en silencio.
Estaba atrapada en sus propias decisiones y ya Eryon había olvidado quién lo salvó de las garras de Zarek en primer lugar.
A un lado, suspirando con tanta lástima, vi las argucias que le hicieron a esos buenos viajeros que solo veían este mundo con curiosidad.
Drusilla retuvo un día a Aidan para hablar de magia, pero solo lo estaba separando de su compañera y llevándolo a una trampa.
Isabella salió a dar un paseo con esos gigantescos guardianes que ellos llamaban Drakmor.
Casi tres metros de altura para los adultos, dientes afilados, garras gigantescas y varios ojos rojos que miraban el entorno con atención.
Ningún depredador aquí era más fuerte que ellos.
Pero jamás se imaginaron que el Rey Lobo tenía la capacidad de controlar a las bestias y esos Drakmor no fueron la excepción.
Mi consciencia se dividía entre los dos… mi corazón latía errático, algo grande pasaría…
—¡¿Qué significa esto De la Croix?! —el príncipe Aidan le rugió a Drusilla al verse aprisionado por un hechizo poderoso, en las profundidades del castillo, donde la magia era extraída por los sacerdotes de Drusilla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...