NYX
El cerebro me dictaba que reaccionara, que había tantas cosas raras en estas fantasías.
Pero el corazón y, sobre todo, las sensaciones deliciosas que estaba experimentando mi cuerpo me gritaban que ni loca parara esto que estaba sucediendo.
Jadeando y temblando de placer sobre esa manta, mis ojos no podían dejar de ver a los brillantes de Aidan.
Pero después de su liberación tan caliente, mostrándome lo excitante que se vería teniendo un orgasmo entre mis piernas, él cambió por completo.
Sentí que se quedó rígido y bajó la cabeza sin enseñarme su expresión.
El cabello corto y sudado le caía sobre los párpados, donde unas pestañas muy claras se abanicaban inquietas.
—¿Príncipe? —mi voz salió un poco ronca y estiré mis dedos intentando incorporarme.
— ¿Estás… arrepentido?
Incluso me tembló la determinación, como si de verdad estuviese frente al mismísimo príncipe de la escarcha.
Como si se me fuese a romper el corazón en dos, al cruzarme con sus ojos de asco y repulsión.
Mi mano suspendida se quedó a solo centímetros de su rostro, dudando, queriendo despertar en el siguiente segundo.
—Si te arrepientes, vete… yo no puedo retenerte aunque lo desee…
Murmuré dispuesta a sacar mi magia y romper, lo que sabía muy bien, era alguna clase de hechizo donde acepté sumergirme.
Pero al último segundo, él subió la cabeza y atrapó mi mano con la suya, entrelazando nuestros dedos.
Lo tuve encima, casi arrojándome de nuevo a la manta, con sus labios fríos pegados a los míos.
Rodeando mi cuerpo con sus brazos musculosos.
Su rostro era una mezcla de tormento y deseo, esos ojos azules como dos luceros etéreos estaban fijos solo en mí.
—Nyx… —su voz sonó en un susurro, pronunciando mi nombre, con una mezcla de Aidan y algo más primitivo.
Me asombré al escucharlo, no me había dicho ninguna palabra durante todo este tiempo.
—Yo… — tragó, devorándome con la mirada, tan posesivo que atrapó mi alma en su puño.
— Yo sí te amo… tú… eres mía.
Confesó con seguridad, haciendo que mi corazón comenzara a latir errático, descontrolado…
Sin dejarme responder, pegó con desesperación su boca a la mía, en un beso demandante, enloquecido, profundo.
Le respondí con la misma intensidad, mordisqueando su boca, enredando su lengua, gimiendo de dolor y placer contra él.
Saboreando la amargura de algunas lágrimas que se escapaban de mis ojos mientras lo abrazaba contra mi pecho.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...