NYX
Contra la pared del fondo se acostaba un enorme cuerpo que llegaba prácticamente al techo.
Escamas de un negro sólido, se veían impenetrables y afiladas, las garras poderosas de las cuatro patas, y lo más escalofriante de todo.
Esa criatura ahora me miraba llena de hostilidad, con seis ojos rojos, ajá… una sensación bastante opresiva.
A través de sus dientes puntiagudos, un siseo bajo me advertía que si me acercaba un paso más… en realidad no me pasaría nada...
No solo porque era capaz de defenderme, sino porque esta hembra estaba herida, sangrando por todos lados y lo más preocupante de todo, exhibía una enorme panza.
Estaba preñada, desangrándose y… se encontraba de parto.
—No quiero hacerte daño… ¿puedes entenderme? —le dije con las manos delante en señal de que estuviese tranquila.
Di algunos pasos, pero sus gruñidos de advertencia se mezclaban con los de agonía.
Acostada de lado, podía ver todo el líquido sanguinolento saliendo de entre sus patas.
Lo peor eran las heridas y mordiscos de algún ataque brutal, donde incluso se ensañaron con la barriga.
Iba a morir, ella y su bebé, si no hacía algo y de inmediato.
—Soy hechicera, sé algo de magia curativa, te puedo salvar… —di más pasos adelante, pero hizo por levantarse a atacarme.
—¡Tu bebé va a morir si sigues de terca! —le grité expandiendo mi magia que la golpeó de frente.
Me arrepentí en el siguiente segundo, pensé que se pondría frenética pensando que la iba a atacar, pero para mi sorpresa se calmó.
Sus ojos como rubíes se quedaron mirándome fijamente y luego olfateó en mi dirección, para al fin recostarse de nuevo contra la pared con expresión de dolor.
Me olí sutilmente. ¿La habrá calmado el olor de mi magia?
«Ggrrr» Un rugido ronco y un chorro de sangre que brotó de entre sus patas traseras me puso en acción.
Movida por la compasión, me abalancé hacia ella, siempre alerta de que no me atacara, y comencé a tejer encantamientos curativos.
Estudiamos con la bisabuela Gabrielle todo lo elemental.
Filtré mi magia a través de los boquetes de heridas y las escamas desprendidas.
La lucha que sostuvo fue brutal, defendiendo su vida y la de su vientre; de eso no me quedaban dudas.
Como si me entendiera, se quedó rígida, soportando...
Con mis primeros auxilios, al menos ya no se desangraba.
Invoqué una afilada cuchilla de hielo, la energía elemental de Aidan,
Comencé a cortar su estómago, guiándome por las sensaciones que me transmitía mi magia.
El vientre era más suave que el resto de la piel y, después de capas de músculos y tejidos, vi el tesoro que escondía esa madre.
Sudando e intentando no cometer errores, al fin desgarré el saco y saqué a la pequeña cosita del interior.
Era más grande de lo que imaginaba, estaba acurrucada y la sostuve con manos resbalosas para ponerla bajo el hocico de su madre.
Pude ver la alegría y el amor en esa criatura tan rara, a pesar de soportar como una campeona todo este parto destructivo.
Mientras ella lamía y le daba su aliento de vida a su cachorra, yo veía la manera de ayudarla a cerrar la profunda herida.
Gasté mucha energía, estaba exhausta, sudando, aún no me recuperaba por completo de mi viaje forzado por el portal.
Aun así, limpiándome la frente y viéndolas recuperarse, sonreí satisfecha.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...