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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 613

NARRADORA

—El espíritu de Isabella se desvanece, pero estoy segura… ellos van a intentar rellenar un cascarón vacío con la energía de la hembra de Aidan —le dijo saliendo a los límites del palacio de invierno.

—Pero Aron le dijo a Dalila que esa hembra era muy poderosa, una raza diferente…

—Aunque ella sea poderosa, si Edmund reúne a varios de sus hechiceros, si le ponen alguna trampa, pueden apresarla.

En este universo nadie era invencible y el propio Aidan era un ejemplo de eso.

No podía perder tiempo y esta vez no dejaría las cosas solo en manos de su hijo.

Convocó su magia Centuria sacando al Alfa de su Clan, un enorme lobo que brilló saliendo de su cuerpo.

Rugiendo con llamas doradas y rojas, indomable y fiero.

Anastasia también sacó a su lobo Beta.

Subieron sobre sus lomos, con fuego poderoso rodeándolas.

— ¡Olaf, llévame de prisa al palacio! – Raven le ordenó aferrando sus piernas a los poderosos francos mientras las patas enormes avanzaban sobre la nieve.

— ¡Anastasia ve directo al pantano, alerta a tu hombre, tenemos que cuidar las fronteras!, ¡QUE SE PREPAREN PARA LA GUERRA!

Le rugió con el cabello ondeando al viento, brillando en rojo bajo los rayos de luna, sumergiéndose en el bosque profundo mientras Anastasia se desviaba a las llanuras nevadas.

Olaf saltó sobre un profundo barranco, con la Centuria aferrada a su fuego, alumbrando con sus llamas la soledad de las frías montañas.

Iban directo al palacio, necesitaba alertar a su Rey, a su mate, el padre de Aidan, Cedrick Walker.

Decirle que convocara a los clanes de lobos, pedir ayuda a sus aliados.

Solo que a pesar de la perspicacia de Raven, jamás imaginó hasta donde el Rey Hechicero había extendido sus garras y corrompido las mentes.

Los hombres bestias, no estarían de su parte en la guerra de dominación que se avecinaba.

*****

Sumergida en la noche, una lechuza negra surcaba el cielo.

Había sobrevolado el asentamiento de los hombres de invierno y luego espió en secreto el bosque.

Esos dos infieles estaban tan metidos en su asqueroso romance que ni siquiera se habían dado cuenta de su presencia.

Los ojos de la lechuza eran algo peculiares, uno oscuro y el otro amatista intenso, igual que la hechicera que la invocaba.

A muchas leguas del continente de los hombres lobos, Ayla dio un respiro profundo, dejando escapar el control sobre su animal espía.

Sus ojos fulguraban del mismo morado que el ave nocturno.

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