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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 615

NYX

—¡¿Qué tienes que ver con esa maldita cosa?! —se incorporó de repente, cargándome sobre sus piernas.

Sus dedos fueron a agarrar mis mejillas, examinándome de cerca.

—¿Eres descendiente de esa bruja Drusilla?

—¡¿Qué?! —aparté su mano de golpe, luchando por ponerme de pie, pero él me sujetó sin liberarme.

¿De qué Drusilla me hablaba? ¡Por la Diosa, la única Drusilla que conozco era de la familia De la Croix!

—¡¿Lograron deshacer mi hechizo de hielo?! ¿Por eso evolucionó tu poder?… ¡¿Siguieron robando de esa maldita magia?! —comenzó a hacerme todo tipo de reclamos que no entendía.

Repentinamente, me enojé mucho; según sus palabras, parecía que venía a su reino con dobles intenciones.

—¡¿Y qué si te digo que tengo relación con Drusilla?! —me logré levantar de golpe, empujándolo.

Convoqué la bruma para vestirme, odiaba sentirme tan vulnerable ante él.

Sus ojos azules me miraron fulgurando desde su posición de sentado.

Toda la seducción del momento convirtiéndose en nada.

—Dime, príncipe, ¿qué harás conmigo? ¿Lucharemos ahora? —lo reté con el corazón en un puño, empujando su energía fuera de mi cuerpo, pero Theo se negaba a marcharse.

Me pareció que había transcurrido media vida antes de que Aidan bajara la cabeza y se pellizcara el puente de la nariz, suspirando.

—Sabes que no te haré absolutamente nada… no lucharé contigo, aunque vengas a arrancarme el corazón.

Me lo dijo arrojándose en la hierba, con el brazo sobre los ojos, y mi pecho traidor palpitaba emocionado.

Este macho tenía el don de manipular mis emociones, de llevarme de un extremo al otro en un segundo.

Algo así como cuando mi madre peleaba con papá y en un pestañazo los veíamos besarse de nuevo apasionadamente.

—Si estamos hablando de la misma Drusilla, una hechicera bastante hija de puta, entonces puedes estar tranquilo… no tengo nada que ver con esa mujer —le dije en voz baja, luchando por apartar los ojos de su desnudez.

—De hecho, odiaba a mi familia, la creía muerta… —le dije, volviendo a sentarme.

Se incorporó y ambos quedamos uno frente al otro.

—Dijo que se llamaba Drusilla De la Croix —me confirmó, y le expliqué que se trataba de la misma persona.

Cuando me contó entre dientes cómo habían sido las cosas realmente, no me lo podía creer.

¿Qué tipo de coincidencia tan macabra era esa?

Una vez más, la tristeza me invadió por la injusticia con Isabella. ¿Cómo se debió sentir Aidan en ese momento?

La culpa y los arrepentimientos cavando en su alma todos estos años.

—Debiste asesinarla, Aidan —murmuré bajando la cabeza para ocultar mis propios sentimientos.

—Ella te engañó hasta el final. Te puedo asegurar que los lycans no dominaban la magia. Drusilla era quien absorbía el poder y se lo daba a… a… bueno, a ese hombre.

La mención del hijo de Víktor traía tormentas en los orbes del príncipe; esa bestia le quitó a Isabella.

Por lo que calculé, Drusilla y ese lycan duraron siglos, por no decir milenios; viviendo de absorber ese poder prohibido.

Además, el tiempo entre los espacios paralelos no parecía avanzar de la misma manera.

—Mi familia no es de ese tipo de personas, no necesitamos robar la magia de nadie —le aseguré mirándolo de frente.

—Si encontraron el “Corazón de la Bestia”, debió ser por algo, quizás… —me quedé pensando en la posibilidad más lógica.

—Mis hermanos o las chicas cayeron en esas tierras —le había explicado en un inicio cómo fue que llegué a su continente.

—Hallaron la relación contigo de alguna manera, tal vez capturaron a Drusilla aún con vida…

—Debí asesinar a esa desgraciada —el odio salía por sus poros, y yo lo entendía totalmente.

De la Croix era como una plaga.

Entonces se abrió otra posibilidad que no había contemplado.

—Sé que es doloroso para ti, no te pido que vayas conmigo, pero ¿puedes abrir el portal que da a ese sitio?

—No —me dijo sin dudarlo.

Su mirada fría atravesó mis ojos serios.

—Aidan…

—No voy a exponerte a esas tierras malditas, no sé si lograron burlar mi hechizo de hielo…

—Mi familia puede protegerme, ¡yo puedo protegerme!

—¡No voy a perderte a ti también! ¡¿Entiendes?! —se levantó de repente, tomándome de los hombros.

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