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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 629

NARRADORA

Nyx estaba tan feliz y emocionada, pero cuando descubrió las intenciones de su padre… sí que le dieron ganas de llorar.

—¡No, no, no, papá, no puedes hacer eso aquí! ¡Maldita sea! ¡Hay aliados también!

El terror atenazó su alma al descubrir la bruma negra saliendo de la boca de ese enorme espectro, unión de los poderes de Silas.

La energía se estaba condensando, reuniéndose en una inmensa bola llena de tormentas y muerte.

La boca abierta de ese monstruo parecía un cañón a punto de disparar, y Nyx lo sabía: a ella no le haría nada, pero todo lo que estaba a su alrededor simplemente moriría.

Joder, el Rey Espectro estaba bien cabreado.

“¡Aidan, dile a tu gente que se reúna a mi alrededor! ¡Rápido o van a morir!” —le gritó en la mente a su mate, que la miró en la distancia.

Ya Edmund era irrelevante: la lucha y los hechiceros.

Frente a la enorme figura negra con ojos hundidos y luces rojas en las cuencas vacía, que los miraba desde el cielo, se sentían como simples mortales ante un Dios de la destrucción.

“¡¿Nyx, qué diantres es eso?! ¡Mamá, papá, llamen a todos a reunirse alrededor de Nyx!”

Aidan se apresuró sin perder tiempo, pateando en medio del caos a cualquier enemigo atravesado.

Pidiéndole a su Druida que siguiera protegiendo el cadáver de Isabella.

Ya luego ajustarían cuentas con Edmund, pero ahora mismo la presión mágica que se sentía sobre ellos, era demoledora.

“Bueno… eso es algo del poder de mi papá”, Nyx le respondió con cara de circunstancias.

Parece que su magia estaba muy afligida cuando abrieron el portal; es obvio que llegaron todas sus quejas hasta Silas.

Mientras en el suelo los enemigos escapaban corriendo hacia los bosques, pensando que así se salvarían, en el cielo, las tres Selenias estaban con dolores de cabeza.

Sus cuerpos esculpidos de pura energía dorada que descendían como estrellas cayendo entre tanta oscuridad.

“¡Sigrid, regresa y controla al demente suicida de tu macho!” —Gabrielle le gritó en la mente—. “¡Cómo piensa en lanzar eso, no sabemos quién está allá abajo!”

Sigrid miró a su espalda, preocupada. Alas doradas se desplegaron y batió el vuelo, sumergiéndose entre la bruma.

Atravesó el campo de energía magnética de esa bomba a punto de explotar.

«Devorar, Devorar, Devorar» se escuchaban por doquier los aullidos emocionados y maquiavélicos de los espectros que se reunían para bajar al nuevo continente.

Habían olido la magia, poderosa y corrupta… justo sus favoritas.

En medio del caos de tormentas, de centellas y retazos de sombras sin forma, riendo y gritando, estaba la figura de un hombre.

Su rostro oculto detrás de una máscara espectral cadavérica, la armadura negra cubriendo su cuerpo y las enormes alas como dos ganchos afilados en su espalda.

Sigrid podía sentir todo el descontrol de su ira.

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