NARRADORA
Jamás habían corrido tanto y arrastrando ese peso demoledor.
—¡No sé, no sé, maldit4 sea, ya nos alcanzan! —le respondió la otra mirando hacia atrás.
Ambas, ocultas en los límites, nerviosas, ansiosas…
Si esta magia caía en manos de algún hechicero, todo el esfuerzo de la reina Zeraphina sería en vano.
Antes de tomar una decisión precipitada, sintieron una presencia moverse a su espalda.
Se giraron gruñendo, creyendo que su gente las había encontrado, o algún brujo… pero no, era alguien inesperado.
—¿Un Drakmor?
—¡Es el Alfa Drakmor, él es amigo de Aidan! —la otra le dijo al reconocer al gigante que salía de las sombras.
Las heridas profundas se acumulaban en la piel de Ignacio.
Más que trozos de carne, esa pelea le había arrancado pedazos del alma.
Al final venció la locura de su hija y ella misma provocó su muerte, aun cuando Ignacio le había dado una oportunidad de vivir.
Incluso con su dolor, el Alfa Drakmor vino a cumplir las promesas que hizo.
—¡Llévaselo a Aidan, a tu amigo, el hombre de invierno! —le gritaron, viendo la luz al final del camino.
Ignacio observó esa cosa maldita que había acabado con tantas cosas importantes para él.
Abrió la boca con ira, lo más que pudo, y agarró un lado del cristal con todas sus fuerzas.
No era a Aidan a quien le hacía falta esta magia, sino a esa pequeña Selenia.
Lanzó con ímpetu el hielo por los aires, en dirección a Nyx, a través del fuego y la nieve, de los relámpagos y la tormenta azotando.
Su rugido hizo estremecer este mundo y llamó la atención de la Selenia.
Nyx lo supo en cuanto lo vio: ese era el Corazón de la Bestia.
Dejó de machacar a los hechiceros frente a ella e invocó sus alas negras.
Voló por los cielos, encontrándose con esa estructura.
Rápida, certera, apenas visible a simple ojo.
Antes de que Edmund pudiese liberarse del azote de Aidan para tomar ese poder, Nyx se desgarró la mano y dejó caer sangre sobre la superficie helada.
¡BOOOM!
El enorme cristal cayó contra unos árboles, destrozándolos. La mancha carmesí rodaba por la superficie fría.
La sombra en su interior comenzó a moverse excitada, sintiendo un llamado de alguna parte, deseaba reunirse con el resto del Corazón.
Edmund lo vio todo, pero no pudo hacer nada para detener su caída.
No sabía qué había hecho esa mujer, pero sería nefasto para él.
Lo peor: su gente estaba muriendo bajo el ataque tan encarnizado, y Aidan, incluso herido, era un hueso demasiado duro de roer.
Cuando pensó en retirarse a su continente para reorganizarse, llegó al fin el bando aliado.
Todo tipo de guerreros animales salieron de las sombras de los árboles, enredándose con los lobos.
Sobre todo, los del clan león se abalanzaban fieros a destrozar gargantas.
Edmund respiró con algo de esperanza. Tal vez lograba hacer alguno de sus trucos sucios.
Pero un grito de agonía lo hizo desviar un segundo la mirada, y un dolor lacerante inundó su pecho.
La Reina Raven Centuria había arrancado la cabeza de su mujer y la tenía en la mano.
En medio del campo de batalla la subió para mostrársela con saña y el odio carcomió la mente de Edmund.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...