NARRADORA
Con un resoplido, Aidan dejó salir humo blanco de la boca.
Fue increíble cuando Nyx y él probaron a unir sin reservas sus almas mágicas.
Esa energía poderosa entró sanando sus heridas y dándole tanta fuerza que se sintió invencible.
Su corazón ya estaba libre de ataduras y al fin había dejado caer las barreras frente a su Selenia.
—Yo lo llevo todo, no te ensucies con esa escoria —Aidan le dijo al verla recoger uno de los brazos de ese maldito de Edmund.
Rodeados de un témpano de hielo, estaba el torso con la cabeza y el resto de las extremidades cruelmente arrancadas y hechas pedazos.
—Aidan, te dije que no le dañaras tanto el rostro… —Nyx miró con pesar a través del hielo, donde el ojo de Edmund la miraban paralizado.
—La magia del tío Zarek es mala para reconstruir caras —agregó como quien hablaba de un muñeco sin vida.
—Nyx, yo… quiero hacer esa misma técnica prohibida con otro cuerpo —Aidan le dijo de manera seria.
Había pasado siglos con ese hombre en las mazmorras, evitando que muriera por su magia de congelación.
Arrancándole trozo a trozo cada pedazo de carne y resquicio de cordura… jamás le perdonaría lo que le hizo a Bella.
Pero ese cadáver no duraría para siempre. Lo había torturado tanto que ya no le quedaba ni un corazón intacto.
—¿Es quien hirió a Isabella, verdad? —Nyx se levantó y lo miró fijamente.
Aidan solo asintió.
—No te preocupes, buscaré el hechizo más prohibido y macabro para los dos. ¿Qué te parece si encerramos a ese lycan en la mente de Edmund o al revés? —le propuso, con un brillo malicioso en la mirada.
Aidan alzó una ceja.
Nunca debía olvidar que tenía que ser muy bueno con la esposa, porque esta pequeña Selenia se ponía demasiado creativa en las venganzas.
—Haremos lo que desees —le dijo dando un suspiro, en medio de la oscuridad del barranco, lejos de la locura que se vivía en todos lados.
Aidan no pudo evitarlo más, dio un paso adelante y la estrechó entre sus brazos, con fuerza y posesividad.
—Gracias —le dijo con voz ronca, bajando la nariz para oler obsesionado el suave cabello, acariciando su cintura y con la otra mano tomó su barbilla.
El rostro de Nyx quedó frente a él, entre sombras, pero él podía verla muy claramente.
Sus pupilas azules fulguraban como hermosas estrellas; ella completa era perfecta.
—Gracias por aguantarme, por comprender, por esperarme… —los ojos de la Selenia se enrojecieron ante sus palabras —. Tú no hiciste nada malo, mi amor…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...