NARRADORA
En un solo movimiento, garras de hielo pasaron sobre su garganta, cortando profundamente, a punto de arrancarle la vitalidad.
La sangre salpicó sobre la blanca superficie, manchando de carmín.
Pero enseguida el mismo hielo creó una capa y evitó que muriera desangrado; sin embargo, sus cuerdas vocales habían sido inutilizadas.
—No te enojes, mi mate… tendremos una eternidad para desarmarlo parte por parte y pieza por pieza… —Nyx sentenció sacando ese lado asesino escondido en cada Selenia.
La sonrisa torcida en ese rostro tan hermoso traía la vibra siniestra de la locura de su padre.
Subió la mano y solo movió sus dedos, activando runas poderosas que materializaron cincuenta espadas de luz.
Aparecieron entre las tinieblas, formando un círculo, brillando con fuerza.
Las puntas afiladas apuntaban a Edmund, como una corona de muerte, y ya podía sentir el filo cortando cada trozo de su carne.
—¡Sufre solo una parte del dolor que sintió tu hija cuando la usaste como un cadáver sin vida!
Nyx le gritó, activando el hechizo y bajando la mano.
La orden de ejecutar había sido dada.
Con un rugido animal, las paredes vibraron.
Aidan lo elevó en lo alto, estrangulado por su mano que hacía de verdugo, ofreciéndolo como un sacrificio a todas las espadas que bajaron justicieras hacia Edmund.
Ni siquiera podía gritar, ni suplicar, mucho menos maldecir.
Todo su odio quedó en su interior, estaba experimentando lo que sería el resto de su existencia, sin control de absolutamente nada.
Los destellos místicos brillaron en sus pupilas cuando la punta de una espada perforó su ojo, cegándolo.
La luz intensa resplandeció dentro de la prisión de hielo que se tiñó de un intenso carmín.
Paredes, techo, suelo.
El aroma a sangre se filtró, excitando a los espectros que aullaron llenos de malevolencia.
Este no era el final del que alguna vez se llamó: Rey Hechicero… era solo el comienzo de su calvario.
«¡MALDITOS, MALDITOS!, ¡Aidan Walker debí asesinarte cuando llevaste a mi hija a morir!»
Maldiciones como esta se repitieron a lo largo de los milenios, pero jamás, ni una sola vez, su voz fue escuchada fuera de la prisión, en la que se convirtió su cuerpo.
*****
En las profundidades del barranco, Drakkar corría en la dirección contraria a donde había aparecido esa rara estructura helada.
Él rastreaba la magia corrupta ligada con el poder que le gritaba a su alma.
Sobre su cabeza vio flotando las ensoñaciones macabras del padre de Lyra.
Bueno… ahora tenía que llamarlo suegro.
Drakkar se encontraba desesperado por acabar con esto para regresar.
Con suerte, pronto reuniría todo ese maldito poder y podría ser libre de perseguir a su mujer.
“Lo siento cerca”, su lobo olfateó el aire.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...