VICTORIA
Lo escuché tan desesperado que mi mano también bajó y comencé a apretarle la polla por encima del pantalón.
“Ssshh… nena, sí, sí…. Mnnn, joder, apriétala más. Aah, es tuya, mi amor, toda tuya… Grrr…”
Parecíamos dos pervertidos casi desnudos en ese tejado, sumidos en la oscuridad y moviéndonos incitados por nuestra lujuria.
El sonido rítmico y acuoso sonó cada vez más rápido.
Mi concha no paraba de soltar jugos. Mi clítoris siendo aporreado bajo la braga que se me encajaba bien profundo.
Mi boca saqueada al borde de dejarme sin aliento.
“¡Ahí, nene, justo ahí… aahhh, no pares, no pares…!”
“¡Aaahhh!”
Mordí su labio cuando sentí los calambres bajando por mi vientre y los espasmos de mi vagina.
Los muslos se alzaron rígidos, empinando las nalgas y temblándome las caderas.
Mis pechos se sacudieron, mi cuerpo entero vibró derramándome en éxtasis.
Chupé las gotas carmesíes sintiendo mis caninos alargarse y las ansias de alimentarme me consumían.
Él sabía mejor de lo que imaginé, fuerte, embriagante, picante, caliente. Oscura seducción.
Pero soporté las ganas de encajarle los dientes, a él quizás no le agradaría.
Me refugié contra su cuello, ahogando mis gemidos de liberación.
No dejó de meterme dedo hasta ordeñar el último gramo de placer.
Me quedé recuperando el aliento, mientras Draco abandonaba mi vagina feliz.
Lo escuché gruñir y, cuando subí la cabeza, lo encontré lamiendo las evidencias de mi excitación.
Diosa, esos dedos se veían gruesos y callosos, agresivos, con razón estaban tan ricos.
Me miró con descaro mientras su lengua pasaba saboreándome.
La luna brillaba en esos ojos lobunos llenos de lascivia.
Su otra mano bajó para apretarse el miembro tieso que se había quedado con las ganas.
—Mmnn, me encantó que soltaras tanta leche —me dijo con voz animal.
—Eso sueltan los machos…
—¿Ah sí? Pues este macho se quedó con las ganas de liberar la suya, y créeme nena, no te imaginas cuánta tengo acumulada.
Su boca se torció en una sonrisa pícara.
Me incliné hacia delante, limpiando los restos que quedaron en sus labios.
Amaba como se tensaba al provocarlo. Como sus ojos se oscurecían de perversión.
—Pensé que te ibas a quedar afectado después de la patadita que le di a tus joyitas.
Mi cabello fue agarrado con posesividad y me acercó más a su rostro fiero e indomable.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...