VICTORIA
—¿Y este sitio? —pregunté asombrada cuando al fin mis pies tocaron la hierba.
Miraba hacia una laguna de aguas claras iluminada por la luna.
Las aguas se mecían por suaves corrientes en las profundidades y enormes rocas se alzaban en el centro.
—Es un sitio que encontré una vez que exploraba estos bosques. Aquí desemboca una cascada de las montañas —me explicó.
Algo tramaba, lo podía sentir en sus intenciones impuras.
Caminó hacia la orilla descalzándose las botas y pasando sobre los guijarros.
—Vamos a darnos un baño para refrescarnos —su voz ronca entraba por mis oídos calentando mi imaginación.
Comenzó a desnudarse frente a mi mirada hambrienta, sin pudor.
Se quitó la camisa blanca de lino, subiendo esos poderosos brazos por encima de la cabeza.
El cabello casi rubio se alborotó de manera sexy.
Mientras sus manos iban a los botones del pantalón negro de cuero, mi vista codiciosa lo recorría.
Al fin vi por completo el tatuaje de tribales que llevaba en el cuello, rodeándolo.
Se veía rugoso, fiero, como si escondiera algo más.
Sus fuertes pectorales se contraían con sus movimientos.
Mis ojos bajaron por los músculos definidos, brillantes en sudor, con pequeñas cicatrices de batalla.
Jadeé al ver su pantalón caer por sus piernas hasta sus tobillos.
Silbé entre dientes.
Maldita sea, es mucho más grande de lo que palpé.
Aquella monstruosa polla dio un salto afuera, parada erecta en toda su magnitud.
Apuntándome descaradamente con esa punta enrojecida y salivando un hilo viscoso.
—Tu turno —su voz salió estrangulada, presa de sus deseos.
Vi sus dedos enredarse en esa fiera vara y comenzar a manosearse arriba y abajo.
Su expresión lobuna, gritaba necesidad y ansias reprimidas de devorarme.
—Me puedo bañar con ropas, gracias —le dije socarrona.
—Aquí nadie te va a mirar, solo yo. ¿O es que temes que descubra tus mentiras?
Un destello rojo peligroso atravesó sus pupilas al mirar hacia mi ingle.
Sabía que estaba recordando el dichoso tatuaje.
—No te va a gustar lo que verás…
—Ese es mi maldito problema. Muéstrame —insistió con un tono mortal.
Los nudos del corsé ya estaban más que flojos, así que rodé por mis hombros el vestido.
La tela se fue desplazando hacia abajo hasta quedar atascada en mis caderas.
El viento fresco acariciaba mis pezones expuestos.
Su miembro se estremecía a simple vista mientras me recorría lentamente.
Y todo fue a mejor con el cuerpo poderoso que se paró a mi espalda y empezó a acariciarme.
Lentamente, sensual, como si una hora fuera la eternidad.
Sus manos se colaron para masajear mis dos senos, haciéndolos rebotar, apretándolos con suavidad.
Hundiendo sus dedos en mi carne.
Su erección empujaba entre mis nalgas.
Su boca sexy depositaba besos en mi cuello, en mi clavícula y hombro.
—Eres la mujer más hermosa que existe —murmuró escondido en mi cabello castaño.
—. Todo en ti… es perfecto, es… irresistible…
Su voz iba bajando de tono, como un animal hambriento.
Sus manos también viajaban al sur de mi cintura y mi vientre, deteniéndose sobre mi monte de Venus.
—Mnn —solo pude gemir cuando su lengua penetró en mi oído y chupó mi lóbulo.
Sus palabras se arrastraban roncas como afrodisíaco para mis sentidos.
—Te deseo como jamás he deseado a ninguna hembra… muero por hacerte el amor… nunca debí dejarte ir…
Cada confesión iba acompañada de caricias y besos, de estragos pecaminosos en mi cuerpo.
Me hizo girarme y tomó mi barbilla, alzándome el rostro para estar frente al suyo.
— Victoria, te di la oportunidad de marcharte y no la tomaste. Ahora ya no podrás liberarte de mi control…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...