VICTORIA
Antes de cualquier protesta, su boca se abalanzó sobre la mía.
Su mano en la mandíbula se apretó haciéndome obedecer, rendirme a ese beso apasionado y profundo.
Me abracé a su cuello y me puse de puntillas.
Lo dejé enredarme la lengua, morderme los labios, saquearme cada suspiro.
Sus manos acunaron mis nalgas, impulsándome hacia arriba, y lo obedecí.
Me dejé cargar, abriendo las piernas y pegándome a su dureza.
Siseamos lujuriosos ante el encuentro de nuestros genitales, ardiendo en deseos.
Me llevo cargada, moviéndose por las aguas.
Pronto fui colocada sobre una de las piedras lisas.
Me incliné hacia atrás, con las manos apoyadas en la roca.
Mientras un lycan dominante se restregaba descaradamente contra mí.
— Ah, ah, ah… —comencé a gemir rítmicamente con sus meneos entre mis piernas.
Sus manos rudas me controlaban agarrándome el trasero, pegándome a él.
No me penetró, pero pasaba su pene endurecido sobre mi coño.
La cabeza gruesa se molía entre mis pétalos húmedos y chocaba en mi clítoris, haciéndome temblar de placer.
A un paso de la penetración, de nuevo frotando y esta vez sin ropas.
— Ssshh… Mmnn…
—Quiero penetrarte, dime que sí, nena… Sshh... —me agarró del cabello y comenzó a gruñirme en el oído.
Subió sobre la roca como una bestia en celo, apoyando las rodillas en el borde, empujándome hacia abajo.
No paraba de martillear, haciendo mis fluidos salpicar por todos lados.
Su glande estuvo a punto de perforarme varias veces, y maldita sea, moría porque me montara de una vez.
—Ssshhh, Vicky, dame tu permiso, mi hembra… dime que sí, nena… que me deseas como yo a ti… joder, que rico hueles… Mmmnn…
Quería gritar que sí, pero Diosa bendita, las palabras se me ahogaban entre los gemidos.
Su calentura en mi oído, más su polla frotando mi clítoris tan rico, me estaba llevando a las nubes.
Me iba a venir con penetración o sin ella.
Alcé mis caderas y comencé a moverme contra él, rápido, desesperada.
Mi espalda se arqueaba, la punta de los pies clavados en la roca.
El placer morboso de estar a las puertas de la penetración y solo masturbarnos me estaba excitando demasiado.
—¡Aaahhh! —grité clavándole las uñas en los músculos.
Pegándolo más a mí y besando desesperada su boca mientras temblaba de pies a cabeza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...