DRACOMIR
Los caninos se le alargaban puntiagudos, haciendo esos siseos para atraer a sus presas.
Sus pupilas, tan rojas como la sangre.
Una vampira en todo su esplendor.
Intenté empujar esas sensaciones estúpidas y concentrarme en este momento tan excitante y único.
Pronto llegó mi recompensa.
Mmmnnn… maldita sea que apretada… Sshhh…
Mis pensamientos, llenos de lujuria y algo más, se mezclaron con una sensación que era puro pecado.
Al fin me había empujado la verga dentro de ese agujerito caliente y resbaloso.
Martillé varias veces, sin poder soportar más el dolor en mis testículos cargados.
Esas paredes apretadas me envolvieron la polla por todos lados.
Ardiente tentación envuelta en seda.
—¡Aaggg! —cerré los ojos rugiendo y descargándome, sintiendo mi esencia llenándola.
Algo rugía por salir de mi pecho.
La base de mi miembro pulsaba por engrosarse, los caninos me picaban en las encías.
Mi lobo… eran señales de mi lobo, que creía perdido.
Victoria me hacía sentir vivo, despertaba sentimientos que jamás había sentido por nadie.
La miré bajo mi cuerpo, conectados por nuestra pasión, llena de mi olor y mi semen.
Fantaseé con mi marca en su cuello.
Solo mía… estaba obsesionado con que me perteneciera.
Ella respiraba agitada, acariciándome los brazos, dándome esa sonrisa sensual.
La pereza apareciendo en su mirada.
Pensaba que me daría un orgasmo rápido y terminamos.
Oh, no, nena, no… esto fue solo el aperitivo.
Contigo, mi verga se puede volver a endurecer en un segundo.
La miré con malas intenciones, mientras aceleraba de nuevo las penetraciones.
— Espera, Draco… ah, ah… Mmnn... ¿por qué tan rapido?… Aaa…
—Ssshhh… ah, tan bueno, sí, sí, sí, qué rico, mi vida… ggrr… apriétame más Vicky… ¡más! siiii, joder, joder que delicia…
Maldije en cada penetración que me llevaba a las nubes.
Todo se me borró de la mente.
Solo existíamos ella y yo.
Sin razas, sin pasado. Solo el deseo crudo y el instinto.
—¡Aaahhh!
Gritó sin vergüenza cuando la tomé por el culo y apoyé su espalda, haciéndola incorporarse.
Pegué esas suaves tetas contra mi pecho y me arrodillé sobre la roca.
Quedó en el aire empalada sobre mi polla.
Las nalgas bajaban rebotando cada vez más rápido.
PA PA PA...
Sus manos fueron a hacer surcos en mi espalda.
Nuestras bocas se mordieron y devoraron.
La penetraba desde abajo, sumergiéndome en ese volcán de delicia y placer.
Llegando hasta lo más profundo, dominándola, poseyéndola.
Ella era mía… o al menos eso deseaba mi corazón, pero mi maldita mente aún recordaba.
Mientras era perforado una y otra vez por esas mujeres, como si solo fuese una bolsa de sangre desechable.
Un esclavo prescindible.
Eran sus risas maniacas, sus caras retorcidas en maldad, sus garras estiradas.
Abalanzándose sobre mí como hienas sedientas de sangre.
—¡SUÉLTAME, ASQUEROSA VAMPIRA! —rugí, sumido en pesadillas.
Mis ojos nublados en el odio del pasado, en los traumas que creí superar.
La empujé, escuchando algo caer con un golpe seco y un gemido doloroso.
Salté alejándome.
Sudaba a raudales y respirar se hacía insoportable.
Llevé mi mano fría a la herida en el lateral del cuello.
Sentía la sangre escurrir por mis dedos.
Algo húmedo se movía alrededor de mis piernas y me fue devolviendo al presente.
El agua de la laguna me sacó de ese cuarto oscuro de pesadillas.
Al que fui atraído la primera vez por la promesa de un caramelo, que jamás había probado.
Mis ojos se abrieron finalmente a la atrocidad que había hecho.
Victoria estaba con las piernas encogidas sobre la roca, tocándose la parte de atrás de la cabeza.
La había soltado de golpe, así que cayó sentada con fuerza desde la altura.
Debió golpearse contra la piedra.
Su rostro era una mezcla de dolor y asombro, que se fue transformando en incredulidad y decepción.
Lo había arruinado todo… de nuevo.
—Victoria… yo… yo no…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...