DRACOMIR
Me quedé como idiota sin saber qué decirle.
Cómo justificar que la había confundido con las hijas vampiras del antiguo Lord.
Se alimentaban de mí desde que era un cachorro.
A la fuerza, sin compasión, sin misericordia.
—No quise… — intenté tocarla, explicarme.
—Aléjate de mí —me dijo arrastrándose hacia atrás y cubriéndose los senos.
Entonces mi mirada se quedó clavada en el rastro de sangre entre sus piernas.
Miré a mi falo que ardía.
La empujé tan brusco que desgarré su interior.
—Diosa, soy un animal… soy un desgraciado…
Yo mismo comencé a retroceder.
Negando, asqueado de lo que me había convertido.
Me pude vengar de mis amos hijos de puta, pero ¿y qué?
Eso no me devolvió a mi madre, ni mi vida, ni mi inocencia.
Solo era un hombre destrozado que no sabía amar sin herir.
—Creo que ya terminó nuestra hora —me dijo fríamente.
Ahí estaba, de nuevo esa coraza que me costó tanto superar.
—Victoria, no quise hacerte daño, nena, no es por ti…
—No me llame más con esos nombres cariñosos, Señor del Feudo —masculló mirándome de frente, alzando la barbilla.
—Entiendo que tendrá sus razones para odiar a mi raza, pero yo no puedo cambiar lo que soy y nunca lo haré, ni por ti… ni por nadie…
—Victoria… —murmuré con un hueco en el pecho que se iba expandiendo.
—Nunca vas a dejar de odiarnos. Esto que estamos haciendo solo nos va a causar dolor, a los dos, y al final: tú seguirás en tu mundo y yo me iré al mío.
Fruncí el ceño al escuchar esas palabras, pero ella había terminado conmigo.
Dio la espalda y se sumergió en las aguas caminando hacia la orilla.
No sabía qué hacer para convencerla.
¿Hablarle de mi humillante pasado cambiaría las cosas?
«Tú seguirás en tu mundo y yo me iré al mío»
Sus palabras se repetían en bucle mientras la seguía.
No me gustaba para nada esa sensación de alejamiento.
«No importa qué tan lejos quieras escapar de mí, no existe feudo en este continente donde no te pueda encontrar»
—¡Victoria espera, no te vayas así! ¡Maldit4 sea, déjame curarte!
Rugí persiguiéndola ansioso, cuando la vi que agarró la ropa y corrió desnuda hacia el bosque.
Era rápida, poderosa… inalcanzable.
Obviamente, no me esperó y el olor amargo de sus lágrimas flotaba en el viento.
Me mantuve a la distancia de unos metros, solo cuidándola.
Muriendo por acunarla de nuevo en mis brazos, pero sabía que ella no cedería tan fácil.
Lo había estropeado de una manera monumental.
Se fundió en las sombras de las casas y saltó hacia el balcón en la parte trasera de la posada.
Alguien lloraba en medio de la noche.
Sollozos ahogados, roncos, profundos, tristes.
Tardé un tiempo en comprender que era yo misma.
Nunca había llorado así, con tanta desilusión.
Y de nuevo, por el mismo hombre.
Bajé la cabeza y encogí las rodillas pegándolas a mi pecho, haciéndome un ovillo.
Mordiéndome el labio inferior para no despertar a Rousse y preocuparlo.
Entonces lo escuché.
El aullido de un lycan en la lejanía.
Un sonido desgarrador y solitario, un llamado a mi alma.
Llevaba tristeza y desolación.
Pero eso solo aumentó mi llanto y cerró mi corazón.
No iba a darle la oportunidad de herirme de nuevo.
Me marcharía a mi casa y olvidaría todo… lo olvidaría a él.
No me usaría como el blanco de su odio hacia los vampiros.
Lo que sea que sucediera aquí no fue mi culpa.
«Quiero regresar ya, ahora mismo… Duele, duele tanto…»
¿Dónde puedo encontrar alguna pista para regresar a mi hogar?
¿Cómo se escapa de un amor que te está destruyendo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...