VICTORIA
Pero la mejor mirada fue la de esa arpía… no, no, mentira, el mejor fue Draco.
Esas pupilas de bestia me miraron de arriba abajo, deteniéndose en mi escote pronunciado.
Las curvas de mis senos blancos contrastaban con el rojo y el negro del vestido.
Juraría que lo escuché tragar mientras se acercaba con zancadas firmes hacia mí.
Así lo quería, con la lengua afuera y la bragueta dura.
Ya me encargaría luego de bajársela.
Si para eso llevo lencería erótica, cortesía de Celia que tenía cara de haber comido mierd4.
Murmuraba con su madre acaloradamente, apuesto que del vestido.
—Mandé a que te llevaran una prenda más… —Draco se paró frente a mí, tan cerca que casi me acorrala con su cuerpo.
—¿Más? —alcé una ceja y él se quedó mudo devorándome las tetas.
—Joder, no puedes entrar así allá adentro. Hay demasiados machos —me miró al fin, apretando los dientes y quitándose la túnica.
Noté que ni se había cambiado mucho, iba prácticamente con la vestimenta de combate.
—Este fue el vestido que me dieron, tu querida Celia y su madre —di un paso atrás.
—Y como tengo que vivir de la caridad de las demás, porque a mí no me compraron cajas y cajas de ropas, pues me pongo lo que me dan.
—Victoria… ella fue de compras desde antes, yo no sabía que venías conmigo. Te dije que mañana…
—Mañana es mañana y hoy es hoy. ¿O asistía desnuda? —bufé poniéndolo en aprieto.
Sus puños apretaban tanto la túnica que estaba a punto de agujerearla con las garras.
—¿O acaso te avergüenzas y preferías que no viniese?
—Claro que no, iba a buscarte. Nena, no hagamos una escena.
Dio un paso adelante, hablándome en voz baja pero empecinado en ponerme por encima su túnica.
—Querido, yo vine dispuesta a portarme bien… siempre y cuando no me provoquen.
Antes de que reaccionara, aparté su prenda y lo rodeé.
Caminé orgullosa hacia la entrada donde ya se había reunido una buena cantidad de curiosos.
Sentía el rebotar de mis pechos erguidos contra el escote y mi cabello balanceándose sensual.
Sé que soy sexy y llamativa, ¿para qué hacerme la modesta?
Las vampiras tenían ese encanto que atraía a los hombres, no importaba la raza que fueran.
Veía la codicia en los ojos de esos nobles y un gruñido de advertencia resonó a mi espalda.
—Buenas noches, Sr. y Sra. Fenir. Mi Lord me ha hablado mucho de ustedes, encantada de conocerlos.
Asentí sin mucha reverencia frente a esos ancianos astutos.
Los miré directamente y podía verlo. La rabia contenida en el interior de sus almas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...