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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 720

VICTORIA

Ese hombre daba la bienvenida como si fuese el dueño de la fortaleza y, de repente, proponía un brindis por el Lord.

Los focos de nuevo se movieron a nosotros.

Dracomir se notaba tenso y, de plano, se plantó frente a mí tapándome por completo.

Aplausos, incluso exclamaciones de admiración resonaron en su nombre.

Hasta un idiota lo felicitó por masacrar a los vampiros rebeldes de las fronteras.

El júbilo fue mayor, pero la espalda rígida frente a mis ojos me dijo que él estaba incómodo pensando en molestarme.

Estiré la mano y lo acaricié lentamente donde nadie me veía.

Sentí el estremecimiento bajo mis dedos.

“No importa, mi vida… no estoy enojada por eso” le susurré a través de ese lazo temporal que habíamos forjado.

Su amor y sus caricias mentales no tardaron en llegarme.

Eso era lo único que necesitaba para no arrepentirme de haberlo aceptado.

*****

Entre Dracomir rechazando invitaciones a bailes y casi mordiendo a cada hombre que pasaba a mi lado, llegamos al próximo evento de la noche.

Parece que se estrenaría una obra actuada o algo así.

Todos comenzaron a tomar sus máscaras y programas, para entrar por una puerta.

Adentro había un enorme teatro, ni siquiera nuestro palacio tenía algo así.

Esta fortaleza era más lujosa de lo que imaginaba.

—Mi señor, como siempre, espero compartir el palco con usted —al fin la resbalosa de Celia se acercó.

Lo había estado cazando durante toda la noche.

Sé que intentó echarme al cuello a algunas de sus amiguitas, pero sus insultos infantiles no me hacían ni cosquillas.

—Celia, este año no…

—Victoria, qué bueno que te encuentro. Ven, he reservado un palco principal para ti, creo que nunca has visto una obra así.

Apareció la santa Agatha a llevarme para dejarle la brecha a su hija.

—Espera, Agatha… —Draco tomó mi brazo—. Victoria me acompañará esta noche.

—Pero yo siempre… —la carita de Celia casi lloraba.

—No es necesario, mi señor. Iré al palco que tan amablemente me separó la Sra. Agatha. Acompañe a la Srta. Celia.

—Victoria, tú vienes conmigo... —Dracomir me ordenó hosco.

—Vamos, señora Agatha, que no quitan el puesto.

Fui yo quien arrastré a la arpía y me separé de Draco.

Los gruñidos molestos de mi macho me taladraban el cerebro, pero aun así me escabullí entre la gente, dejándolo con su adorada Celia.

No se lo estaba regalando… pero sabía muy bien que él vendría a mí.

¿No era mejor darle esperanza a esa sádica para luego aplastárselas?

Sabía que algo estaban tramando ella y su madre, solo esperaba mi momento.

—Gracias por el… palco —le dije a la señora canosa.

Pero antes de sumergirme en la cortina pesada de la entrada, fue a agarrar mi brazo.

Le veía venir las intenciones, así que di un paso lejos de sus garras.

—Eso no fue muy amable…

—Aquí no tenemos que fingir, ¿no crees? —masculló en voz baja, sacando sus verdaderos colores.

Las pupilas de su loba rascaban la superficie.

—Sé que te crees poderosa por la atención que él te da, porque lo hechizaste y le hiciste creer que eres su mate…

—Yo soy su mate —le aseguré.

Ambas de pie en medio del oscuro pasillo que llevaba a los palcos más elevados.

—No importa quién seas. Quien no convenga, sin excepción, es eliminado —casi deletrea la palabra “eliminado”.

—Así que disfruta de calentar su cama como una puta, que no va a quedar luego una parte intacta de ti. Terminarás como todos los vampiros de esta fortaleza… muerta.

Se quedó mirándome fijamente como si ya viese un cadáver.

Yo le sostuve la mirada, sin miedo, hasta que dio la espalda para irse.

—Así mismo le voy a hacer a su hijita… no voy a dejar una parte intacta de ella.

La vi volverse como una fiera. Estaba segura de que con un insulto bien venenoso en la punta de la lengua.

Pero se quedó con las ganas de destilar su ponzoña.

Abrí las cortinas de terciopelo y las cerré para quedarme sola en el pequeño palco.

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