NARRADORA
Si Dracomir no tuviese la mandíbula bien pegada al cráneo, se le hubiese caído al suelo del asombro.
A través de esas grietas que destrozaron todo el suelo y removieron los cimientos de la fortaleza, saltaron gritando unas figuras humanoides.
"¡Dracomir… son esos degenerados!" Alan gritó también estupefacto.
No los olvidarían jamás, ni aunque pasaran mil años.
Tantas cosas se revolvieron dentro de su pecho, la ira lo invadía hasta que se dio cuenta de que eran solo cadáveres.
Las cabezas que les habían arrancado, ahora estaban unidas con hilos del destino sobre sus hombros.
Muertos vivientes movidos por algún tipo de magia poderosa.
El enorme lobo miró de nuevo a la mujer en las alturas.
De pie, indomable, comandando con voz gutural, como en una sinfonía siniestra, a los hombres que hicieron de su vida un martirio.
«Creé un ejército para ti»
Victoria le había dicho, y el pecho de Dracomir y Alan se hinchó de orgullo.
¿Cuántos secretos ocultaba dentro de ella?
Su hembra era increíble, capaz de liberarlo, de ser su escudo y su espada.
De convertir sus peores temores, sus enemigos del pasado, en sus guerreros y esclavos.
Victoria bajó la mirada y lo observó a través del humo y el caos.
Su boca se curvó en esa sonrisa llena de hermosa malicia y presagio de travesuras.
"Diosa, estoy enamorado hasta los tuétanos de esa vampira" Alan confesó con un suspiro que transmitía también los sentimientos de su parte humana.
Necesitaban estar cerca de ella.
Se precipitó, saltando entre los gruesos tallos de esas enredaderas que también se arrastraban con violencia y atacaban a esas bestias salidas de la nada.
En medio de la carrera, Dracomir los observó luchando en el círculo exterior que formaron los no muertos.
¿Por qué se parecían tanto a su forma evolutiva?
¿Absorbieron el mismo poder que él?
Recuerdos vagos regresaron a su mente que despertaba después de liberarse:
«Aquella vez que los arrojaron a morir en las entrañas de la fortaleza, después de su rebelión fallida, estaban a las puertas de la muerte.
Los vampiros disfrutaban con sus torturas hasta el respiro de la víctima.
De nuevo, los Amos parecían unos seres invencibles, siempre descubrían sus planes.
Sin embargo, arrojado en la esquina de la cueva como un perro, lleno de heridas, sin comida, ni agua, a punto de exhalar el último aliento, Frederick se apareció para salvarlo.
Dracomir lo creía muerto durante la pelea, pero él le dijo que se había caído por accidente a través de un pasaje secreto y aprovechó los túneles que él y el padre de Draco habían excavado en el pasado.
Le creyó, claro que lo hizo, además, vino a salvarlo, ¿por qué mentiría?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...