DRACOMIR
Sabía muy bien lo que estaba tramando.
Cómo no darme cuenta si tampoco es que lo estuviese disimulando mucho.
—Mmnn… Sshh…
Con las manos en la boca y los dientes apretados intentaba silenciar los sonidos excitados que escapaban de mi garganta.
Mis ojos entrecerrados por el placer miraban en blanco hacia el escenario.
Una cabellera castaña subía y bajaba entre mis piernas y mi falo estaba siendo succionado por esa devoradora de cordura.
“Vicky… sshhh… mi amor, suave… joder… aah”
Gruñía desesperado en su mente.
Los gemidos acuosos, eróticos y ahogados de su boca resonaban en medio de la oscuridad.
Mis pupilas afiladas miraron a ese hermoso rostro sonrojado.
Mi polla brillando en saliva y presemen salía y entraba cada vez más rápido de sus labios rojos.
Me aferraba con tanta fuerza al reposabrazos que mis garras salieron a dejar marcas en la madera.
—Mnnn… maldición, Victoria… Aah, qué rico, mi amor… —cerré los ojos y mascullé en voz baja.
Estaba perdiendo por completo la cabeza.
Mis muslos tensos, todos mis músculos rígidos, sudando.
Mis caderas luchaban por no embestir hacia arriba cada vez que la punta de mi pene tocaba más allá de su campanilla.
Su mano apretaba la base y me daba un delicioso masaje.
El sillón traqueaba ante mis empujes contenidos.
Estaba al límite de venirme, de llenar esos labios de crema.
Su respiración acelerada caía sobre mi abdomen tenso, comiéndome con gula el miembro.
Qué hombre se podría resistir a eso. Estoy seguro de que ninguno, y mucho menos yo.
Mi espalda empapada en sudor se pegó al respaldar y eché la cabeza hacia atrás cerrando los ojos.
Apretando tan fuerte los músculos de la mandíbula, que dolían los dientes.
Todos los gemidos de mi mujer, más los sonidos pecaminosos de la felación, me envolvían en seducción y lujuria.
Me hacía la estúpida idea de que nadie vería mi expresión lasciva.
Que nadie sospecharía que me estaban haciendo una mamada bien rica mientras ellos hablaban puras idioteces del teatro.
Solo un engaño a mi mente.
Alguien sí me miraba y sabía muy bien que Victoria me daba placer.
Ni siquiera miré en su dirección.
Mi hembra le estaba mandando un mensaje, y por muy hijo de puta que pareciera, yo no intervendría.
Celia había espantado a cada una de mis amantes, lo sabía muy bien aunque nunca le di entrada.
Para mí era una hermana pequeña.
Antes no me importó, solo eran mujeres que pasaban por mi cama una noche.
Pero Victoria es diferente. Ella, es mi mate.
“¡Aahh me vengo… Grrr Vicky voy a correrme, Mnnn más rápido, bombea más rápido… Sssh… ah joder, sí, sí…!”
Perdí el control y comencé a rugirle en su cabeza llena de perversidades.
Su boca me succionaba tan fuerte que creí que se comería mi polla en cualquier momento.
Y mi miembro, súper feliz de ser devorado por esa vampira cachonda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...