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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 744

NARRADORA

“¡Ese hombre se escapa, no puedo dejarlo ir!” Alan rugió, subiendo el morro para ver la túnica de Frederick cuando se iba en retirada.

El lobo gigantesco se había trepado a la cima de las enredaderas espinosas, parado al lado de Victoria.

Le lamió la mejilla con cuidado, y Draco le dijo que se quedara a salvo detrás del ejército.

—¡No, iré contigo! —los ojos rojos de la vampira fulguraron con decisión.

“¡No, mi amor, ese hombre es peligroso, está lleno de trucos!” Dracomir no quería exponerla.

—¡Mírame, lobo, mírame! —lo tomó por el pelaje suave a los lados de sus mejillas.

Las pupilas intensas de Alan la miraban con obsesión. Si algo le sucedía a su hembra, moriría con ella.

—No soy débil, lobito. Soy una guerrera como tú, Alan. ¡Voy a luchar a tu lado, mi Lord! —le rugió sacando los colmillos.

Tenían que admitir que Victoria tenía más cojones que los guerreros de su feudo, que ahora miraban desde las murallas.

De lejitos, para no morir en el fuego cruzado.

“Bien, pero siempre cerca de mí. Y si algo sucede…”

“Nada malo va a pasar” Victoria le besó la punta de la nariz y abrazó su cuello. “Te prometo… que te protegeré”

Agregó con el amago de una sonrisa en esa sexy boca.

Alan cayó flechado. Tenía ganas hasta de tirarse ahí mismo, haciéndose el herido solo para ser “rescatado” como damisela.

Pero lamentablemente, no era tiempo para el romance. Cada segundo podía costarles muy caro.

“Entonces nos quedamos en tus manos, mi amor” Dracomir le respondió, y Alan lamió su cuello, olfateándola, sintiéndola tan viva.

No les importaba parecer débiles frente a nadie. Su mujer era poderosa, y los demás solo podían sentir envidia de su buena suerte.

Bajando su cuerpo, se rindió a ella y le pidió que montara sobre su lomo.

Apretando las manos y metiendo los dedos por el suave pelaje, Victoria se trepó a su lobo y fue alzada sobre la ancha espalda.

—¡General, te quedas al frente del ejército! —le rugió a Rousse, que asintió desde la retaguardia.

Rousse se quedó, espadas en manos, listo para despedazar a cualquier enemigo que se colara por la red de no muertos.

Nadie tocaría a la mujer a su espalda.

El olor a sangre putrefacta se elevaba en el ambiente, y los cuerpos despedazados de esos lobos mutados comenzaban a acumularse.

Tantos años de esfuerzo de Frederick, tantos hombres y hechiceras sacrificados… para durar menos de una hora.

Y la culpable de su desgracia ahora cabalgaba sobre su compañero, internándose entre los amplios pasillos, buscando el rastro de ese traidor.

—¡Debe estar en esas mazmorras secretas, hay que ir al ala antigua!

Victoria recordó los pasajes.

“¡No, Alan lo huele cerca, en su habitación!”

—¿Fue a su habitación? —Victoria estaba confundida. ¿Por qué no se marcharía sabiendo que estaba a punto de ser capturado?

“¡Arrójate ya, Victoria, entra detrás de nosotros! ¡SIN DISCUSIÓN!”

Antes de protestar, le llegó la orden directa.

Poniendo los ojos en blanco, pasó una pierna sobre la otra y se arrojó en la carrera cuando Alan entró hecho una fiera al cuarto del que alguna vez consideró “su padre”.

Victoria lo vio detenerse en el umbral, y ella avanzó también, lista para la pelea.

Esperando el próximo truco de ese viejo mañoso. Y Frederick… no decepcionó.

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