NARRADORA
“¡Ese hombre se escapa, no puedo dejarlo ir!” Alan rugió, subiendo el morro para ver la túnica de Frederick cuando se iba en retirada.
El lobo gigantesco se había trepado a la cima de las enredaderas espinosas, parado al lado de Victoria.
Le lamió la mejilla con cuidado, y Draco le dijo que se quedara a salvo detrás del ejército.
—¡No, iré contigo! —los ojos rojos de la vampira fulguraron con decisión.
“¡No, mi amor, ese hombre es peligroso, está lleno de trucos!” Dracomir no quería exponerla.
—¡Mírame, lobo, mírame! —lo tomó por el pelaje suave a los lados de sus mejillas.
Las pupilas intensas de Alan la miraban con obsesión. Si algo le sucedía a su hembra, moriría con ella.
—No soy débil, lobito. Soy una guerrera como tú, Alan. ¡Voy a luchar a tu lado, mi Lord! —le rugió sacando los colmillos.
Tenían que admitir que Victoria tenía más cojones que los guerreros de su feudo, que ahora miraban desde las murallas.
De lejitos, para no morir en el fuego cruzado.
“Bien, pero siempre cerca de mí. Y si algo sucede…”
“Nada malo va a pasar” Victoria le besó la punta de la nariz y abrazó su cuello. “Te prometo… que te protegeré”
Agregó con el amago de una sonrisa en esa sexy boca.
Alan cayó flechado. Tenía ganas hasta de tirarse ahí mismo, haciéndose el herido solo para ser “rescatado” como damisela.
Pero lamentablemente, no era tiempo para el romance. Cada segundo podía costarles muy caro.
“Entonces nos quedamos en tus manos, mi amor” Dracomir le respondió, y Alan lamió su cuello, olfateándola, sintiéndola tan viva.
No les importaba parecer débiles frente a nadie. Su mujer era poderosa, y los demás solo podían sentir envidia de su buena suerte.
Bajando su cuerpo, se rindió a ella y le pidió que montara sobre su lomo.
Apretando las manos y metiendo los dedos por el suave pelaje, Victoria se trepó a su lobo y fue alzada sobre la ancha espalda.
—¡General, te quedas al frente del ejército! —le rugió a Rousse, que asintió desde la retaguardia.
Rousse se quedó, espadas en manos, listo para despedazar a cualquier enemigo que se colara por la red de no muertos.
Nadie tocaría a la mujer a su espalda.
El olor a sangre putrefacta se elevaba en el ambiente, y los cuerpos despedazados de esos lobos mutados comenzaban a acumularse.
Tantos años de esfuerzo de Frederick, tantos hombres y hechiceras sacrificados… para durar menos de una hora.
Y la culpable de su desgracia ahora cabalgaba sobre su compañero, internándose entre los amplios pasillos, buscando el rastro de ese traidor.
—¡Debe estar en esas mazmorras secretas, hay que ir al ala antigua!
Victoria recordó los pasajes.
“¡No, Alan lo huele cerca, en su habitación!”
—¿Fue a su habitación? —Victoria estaba confundida. ¿Por qué no se marcharía sabiendo que estaba a punto de ser capturado?
“¡Arrójate ya, Victoria, entra detrás de nosotros! ¡SIN DISCUSIÓN!”
Antes de protestar, le llegó la orden directa.
Poniendo los ojos en blanco, pasó una pierna sobre la otra y se arrojó en la carrera cuando Alan entró hecho una fiera al cuarto del que alguna vez consideró “su padre”.
Victoria lo vio detenerse en el umbral, y ella avanzó también, lista para la pelea.
Esperando el próximo truco de ese viejo mañoso. Y Frederick… no decepcionó.
Tenía tantas preguntas que podría hacerle, tantas incertidumbres del pasado.
¿Pero para qué? Le quedaba más que claro que él siempre había sido el traidor en las sombras.
Encarceló el espíritu de su lobo porque era su instinto, su olfato para olerse sus mentiras, para cuestionarlo.
¿Sus ventajas vinieron de ese hechizo raro que llevaba encima?
Ahora ya no tenía sentido. Solo deseaba eliminarlo.
“Quítate ese truco de la cara. ¡Entrégate o quieres también hacer algún pacto conmigo! ¡¿A quién vas a sacrificar ahora, maldit4 escoria?!”
Dracomir lo amenazó entre dientes, ganando tiempo para que llegaran sus verdugos.
Victoria había llamado al general Hagen y al Lord vampiro a esta habitación.
“Pequeño bastardo malagradecido, pagarás con sangre la vida de mi gente. Te haré peor de lo le hicieron a la puta de tu madre”
“¡NO TE ATREVAS A MENTAR A MIS PADRES, DEGENERADO!” Alan casi le salta encima de nuevo, pero ese retorcido solo se reía con burlas.
“No importa si te liberaste de mi cadena, tú siempre serás un idiota. Nada se ha acabado, ‘hijito’. Todo está a punto de empezar. Disfruta tu fortaleza mientras puedas.”
La respuesta de Frederick fue acompañada por un gesto demasiado rápido.
Sus dedos se cerraron de nuevo sobre el amuleto en su cuello, y el ojo negro de esa hechicera se movió como loco.
Como una canica rebotando dentro de la cuenca.
Los labios manchados se abrieron para recitar palabras oscuras, y la lengua se movía como una serpiente dentro de la boca.
Algo sucedió de repente que no les dio tiempo a contraatacar.
“¡Atrás, Victoria!” Dracomir le gritó al mismo tiempo que Alan se abalanzó a morderle el vestido para halarla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...