Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 746

VICTORIA

Se me partió el corazón al ver a Meridiana llorando sobre los cuerpos de sus hermanas hechiceras.

No parecía que la trataran muy bien, pero creció con ellas.

Al menos algo “bueno” de no tener visión era ahorrarse esta escena tan macabra.

Ese maldito hombre parece que utilizó el mismo poder de este círculo de brujas para teletransportarse con el cristal.

—Nena, la vamos a recuperar, mi amor, no llores más…

Las palabras de Rousse le susurran consuelo. Ellos se tienen el uno al otro y eso me trae paz.

Estoy de pie a un lado, pero necesito acompañar a Draco.

Me preocupa su reacción cuando vea a sus viejos enemigos de cerca, ahora que pasó la urgencia.

—Por eso tenía el hechizo de mi maestra. ¡Ese… ese…! - exclamó respirando agitada.

No encontraba las palabrotas, imagínate, esa boquita diciendo tacos.

—¡Hijo de puta, desgraciado, malnacido y degenerado! ¿Te agrego algunas más? - le hice la seguidilla, con ganas de desahogarme yo misma.

—No, gracias por el diccionario de… adjetivos —Rousse me miró alzando una ceja y escondiéndola en su pecho.

Sus manos enormes tapándoles los oídos como a una niña inocente.

Me pregunto si Meridiana de verdad es tan inocente para todo, porque, sea lo que sea que le esté inyectando al general, está funcionando.

Cada vez se ve más… vivo, por mucho que se esfuerza en ocultarlo.

Su máscara de tipo escalofriante se le está al caer.

—De nada por los adjetivos —suspiré intentando animarla—. No te preocupes, no nos rendiremos.

Le aseguré porque no podemos dejar que ese hombre siga acumulando poder con ese rostro maldito.

Según las descripciones que le hice a Meridiana, parece que el ojo negro era de su maestra.

Él ha ido reemplazando parches, o agregando, no sé cómo funciona, solo que es una caja de sorpresas, con cientos de hechizos robados adentro.

—Ellas fueron engañadas, atraídas seguro por las promesas de darle la energía del cristal y luego las controló para que trabajaran en su beneficio.

Meridiana le decía a Rousse y eso era lo que más me temía.

El poder es algo que corrompe las almas y Frederick lo sabe muy bien.

¿A dónde fue? ¿A quién tentará ahora con esa magia?

Creímos que escaparía al otro feudo de hombres lobos... pero no fue el caso.

*****

Dejé a Rousse a cargo de darle digna sepultura a lo que quedaba de esas pobres mujeres.

Cuando salí al exterior, los soldados estaban limpiando el campo de batalla, que era un desastre.

Y que dieran gracias porque podían haber sido ellos los muertos.

Dracomir tendría que hacer una depuración de su gente.

Mis pasos me llevaron a uno de los tantos campos de entrenamiento, donde Rousse había posicionado a nuestro ejército.

Sabía que ahí encontraría a mi mate y así mismo fue.

De pie, parado frente a los no muertos de esos hermanos que hicieron de su vida un martirio.

Me aseguró abrazándome de nuevo, ambos suspirando enamorados, mirando hacia esos enemigos caídos.

No hay mayor placer que la victoria, supongo que por eso mi padre me nombró así.

Aunque con la fuga de Frederick, en realidad no se sentía como un triunfo.

Dracomir pensaba igual que yo.

—Quiero a ese traidor aquí, al lado de estos perros, y que sean sus verdugos cada segundo de su existencia, como mismo él nos señaló a nosotros para morir.

Las palabras le salían llenas de rencor y odio y no era para menos.

Pensé de nuevo en esas trillizas violadoras.

Torturarlas pasó por mi cabeza, pero eso sería agregarle más sufrimiento a Dracomir al verlas, así que mejor olvidarlo.

—Les voy a ordenar que se muevan a las puertas del feudo para disuadir cualquier amenaza, porque recuerda a esa comitiva que murió— le propuse.

—Sí, haz eso —aceptó, y le indiqué las palabras de comando, el hechizo para ordenarles en mi nombre.

—Cuando me marques será más estrecho el vínculo —le dije, viendo a esos vampiros harapientos marcharse.

—No te imaginas las ganas que tengo de hacerte mía, Victoria. Lo lamento tanto, mi amor… lamento ese momento en que no te defendí, en que casi te olvidé… dejé que te maltrataran…

—Está bien, mi macho. Luchaste contra algo que parecía imposible y todo, por nuestro amor —lo tomé de las mejillas y lo hice mirarme.

Sus ojos atormentados y sinceros.

—Ya ves, yo también tenía un as bajo la manga, no soy tan débil.

—Y qué as… —me sonrió de lado—. No tenías la confianza para decirme la verdad, ¿cierto?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación