VICTORIA
Su mirada se oscureció, pensando de nuevo en ese maldito de Frederick y como lo controlaba.
—Tenía confianza en nuestro amor, en nuestro vínculo y sabía que terminarías despertando para salvarme.
Me puse de puntillas y lo besé apasionadamente en los labios, sintiendo sus manos ansiosas apretándose sobre mi cintura.
No deseaba que viviera toda la vida lleno de remordimientos.
—Además, si permitías que me quemaran viva, iba a romperte las “nueces” después —susurré contra su boca, bajando la mano para toquetearle el paquete.
Un bufido resonó junto con el amago de una sexy sonrisa.
—Yo mismo tengo ganas de cortarme la polla por imbécil —se pellizcó el puente de la nariz con frustración—. Pero bueno, vamos a salir de esta.
Nos besamos un poco más, brevemente. Había demasiadas cosas que organizar.
Salimos al patio, tomados de las manos.
Entonces un guerrero se acercó y le dio un papel de informe al Lord.
—Llegó un reporte de mi Beta —me explicó que el hombre se había quedado cuidando en el exterior por cualquier ataque sorpresa.
Él protegiéndose del otro feudo y su mayor enemigo dormía a su lado.
—Parece que tus amigos vampiros interceptaron a mis guerreros traidores y sirvientes, que huían por las cloacas.
Alzó una ceja ante mi cara de suficiencia.
—¿Viste cómo sí pueden serte útiles? Ellos se están ganando su puesto en tu manada —le dije, disfrutando de salirme con la mía.
Al menos Marius no me había defraudado… o eso creí ilusamente.
Pero vaya sorpresa que me llevé cuando salimos a caballo a inspeccionar los alrededores y el supuesto representante de los vampiros no andaba ni por todo aquello.
—Señorita Victoria, ese traidor se marchó con su gente y vimos que se llevaban a una mujer cargada, creo que usted la dejó a su cargo…
—¡¿Qué?! —rugí llena de ira frente a la vampira que me hablaba.
Dieron un paso atrás, temblando.
Entonces me di cuenta: era cierto, nadie de los vampiros cercanos a Marius estaba presente.
Bajo las cloacas, los vampiros también poseían divisiones de grupos.
—¡Díganme todo lo que saben y ay de ustedes si me mienten! —alcé mi voz en la calle, mirando a sus rostros sucios y temerosos.
Pero también vi el rojo brillar en algunas pupilas.
Recordé que las restricciones habían acabado con la muerte masiva de las brujas.
El hechizo que controlaba sus poderes vampíricos fue quitado, pero igual se encontraban débiles.
Años de no alimentarse bien habían drenado sus fortalezas; sin embargo, Marius sí que aprovechó sus ventajas.
—¡Estoy arriesgándome aquí a dar la cara por ustedes frente al Lord para que les mejore la vida! —señalé a Dracomir a mi espalda, parado de manera intimidante.
Les infundía terror en los huesos.
Sus cabezas bajaron al suelo y algunos murmullos se escucharon al fondo.
—¡Lo que sea que sepan de los planes de Marius, de Edgar, lo que me estén escondiendo, hablen de una buena vez!
—Yo… yo puedo decirle —la voz femenina murmuró desde la multitud.
Avanzó y pude ver que era una de las ancianas que acompañaba el grupo de Marius.
—Ese… ese desgraciado asesinó a mi hija y la convirtió en una cosa horrible… a su mate. Sophie era su mate, yo… soy su madre… —se tocó el pecho entre sollozos.
—Llévenla a una de las carpas cerca de la muralla —Dracomir ordenó, y la seguí para enterarme de los secretitos sucios de mi buen amigo Marius.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...