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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 748

MARIUS

—Ah, ah, ah…

Los gemidos rítmicos de la mujer contra el árbol me tenían los oídos hastiados.

Me había perseguido cuando me alejé a mear, insinuándose con esa sonrisa fácil y esos pechos casi saliéndose del escote.

Le iba a decir que no a sus manos manoseándome la polla, pero al girarme, el color castaño de su pelo fue lo que me atrajo.

No sé ni cómo luce su cara, solo que ahora empujo en su coño con un ritmo constante, hundiendo las garras en su cadera y la otra en esa mata de pelo castaño.

—¡Cállate de una puta vez y gime hacia adentro!

Le rugí enojado porque me estaba poniendo flácida la polla con sus sonidos chillones.

No se escuchaba como ella y rompía con toda la ilusión que había en mi mente.

“Victoria” estaba apoyada contra ese tronco, inclinada hacia delante, arqueando el culo y la espalda mientras la penetraba vigoroso.

Mi pelvis empujaban cada vez más rápido.

El sonido de mis muslos chocando contra los suyos marcaba el ritmo enloquecido en esta follada rápida.

—Sshh… ¿No te gusta rudo, eh?... Mnn… Puedo cogerte también como una bestia, nena… sshh… ¡¿Así te gusta, maldita zorra?!

—¡Aahh!

Sus gemidos subieron de nivel con mi rudeza, pero esta vez nada me sacaría de mi jodida paja mental.

Agarré con fuerza su mata de pelo, tirando de su cabeza hacia atrás, mientras mi mano dominaba su cintura.

Mis testículos se balanceaban cada vez más duros y pulsando por la liberación.

—Ssshh… aah… —subí la cabeza cerrando los ojos, flexionando las piernas, empujando una y otra vez dentro de ese ardiente coño.

“Eres mía, solo mía, Victoria. Tú eres la única merecedora de un hombre como yo.”

Un grito agudo se escuchó de repente de esa hembra; supongo que se había corrido, no sé, ni me importaba.

Saqué mi pene reventando de placer y moví con brusquedad el prepucio para prolongar la sensación de fricción.

Mirando hacia abajo vi los cordones blancos salir disparados y caer entre sus nalgas.

Por muy excitado que estuviese, no iba a correrme dentro de esta puta para que luego me saliera con algún embarazo.

Jadeé con gruñidos de éxtasis; mis caninos pulsaban con sed, pero después de perder el vínculo con mi compañera, toda la sangre me sabía amarga.

Solo espero que este efecto no sea para siempre.

Una lástima que Sophie al final no se comportó como debía. No soporto a las mujeres celosas y tóxicas.

—Ya te puedes levantar —me limpiaba con el pañuelo, guardándome el miembro dentro del pantalón.

Repentinamente, algo me alertó. Demasiado silencio a mi alrededor, incluso esa mujer no decía nada.

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