MARIUS
—Vaya, vaya… Así que te funcionan las neuronas para algo más que solo robar y traicionar —subió la mirada de golpe y pude ver ese tono de rojo tan conocido.
—¿Co… cómo es posible? —un árbol a mi espalda frenó mis pasos en retirada.
—¿De verdad pensaste que te iba a dar un arma sin seguro? Un poder desarrollado por mi padre durante milenios, solo para ser utilizado por un traidor como tú.
Empuñó la daga con fuerza en el puño cerrado; pocos metros nos separaban y temía lo peor…
Admito que el miedo se apoderó de mi alma, al saber que Victoria la estaba controlando.
—Hablas de engaño, pero tú fuiste la primera en mentirme, en darme esperanzas para luego irte a revolcar con esa bestia. ¡Me has engañado hasta el último momento! —le rugí indignado también, con una tormenta de sentimientos en mi pecho.
—Ay, ya, quítate la máscara de hombre despechado, por favor, que estoy controlando a la mujer que asesinaste con tus manos. ¡Sacrificaste a tu propia mate y eso la Diosa no lo perdona!
Me gritó con una mezcla de varias voces; ahora sí veía más a Sophie en ella.
Sin esperar a mi muerte, cuando se precipitó hacia mí, di la vuelta y comencé a correr.
No podía luchar contra algo que ya estaba muerto y menos controlado por Victoria.
Fui un iluso al creer que me cedería este poder; siempre fue un paso por delante de mí.
Me sumergí en el bosque a mi máxima velocidad, sin las restricciones mágicas y con algo del poder que me habían dado logré tomar distancia.
Pero no lo suficiente.
Un rugido a mi espalda y el frío de la muerte acechando me hicieron girarme y defenderme.
Sisé de dolor cuando el filo pasó hiriéndome la mano.
Aun así, tomé los brazos de Sophie, que parecía una muñeca enloquecida y rota.
Daba esos gritos ensordecedores que me desorientaban; la escena tétrica, el escenario macabro de mi muerte.
Sacaba una fuerza que antes no poseía, rapidez y destreza en la lucha.
Sophie nunca fue una guerrera, jamás entrenó; todo esto lo impulsaba el control de Victoria.
Cada vez que intentaba alejarme para escapar, la tenía sobre mí, mi cuerpo agujereado por las puñaladas.
Perdía sangre y velocidad, jadeaba pesado y mi mente luchaba por encontrar la salida. ¡Me negaba a morir así!
Caí al suelo y me arrastré hacia atrás, viéndola como en cámara lenta. Esa loca se arrojó con el puñal en alto.
La luz de la luna se reflejó en la hoja… Era mi fin.
—¡SOPHIE, SOY YO, DETENTE! —grité por última vez, pero eso solo la hizo insultarme con más odio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...