Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 754

MERIDIANA

El aire de la tarde-noche soplaba sobre la piel que iba desnudando.

Frente a sus ojos intensos comencé a liberar los nudos flojos del vestido, sintiéndolo rodar por mi cuerpo y fruncirse sobre mis pies.

No llevaba nada debajo y me mostré desnuda ante él, resistiendo el impulso de taparme, pero yo ansiaba esto.

Y no tenía que verlo para saber que me deseaba; su respiración se hizo más apresurada, como si de verdad le cortara el aliento.

Tragaba y se humedecía los labios, se había quedado tan tranquilo que ni el agua se movía un poco.

Salí de los vuelos del vestido enredados en mis pequeños pies y avancé hacia el borde, mostrándole el cuerpo que ningún otro hombre había visto jamás.

—¿No vas… a ayudarme? —le susurré con el calor subiendo por mi cuello.

De pie, a la entrada de la poceta.

El agua chapoteó finalmente y la presencia enorme de Rousse se acercó a mí.

Mis manos fueron tomadas por las rudas de él y colocadas con gentileza sobre sus hombros.

Me incliné hacia delante para ser tocada, estremeciéndome al sentir el soplo de su boca sobre uno de mis pezones.

Con el deseo recorriéndome, finalmente fui cargada a horcajadas sobre su cuerpo.

Un pequeño gemido se me escapó contra su cuello cuando mi intimidad rozó contra su tonificado abdomen.

No dudaba que le dejaría un rastro húmedo de mi excitación.

Me encantaba Rousse: tocarlo, acariciarlo con mi boca, con mis manos, su olor a melancolía era mi favorito en el mundo.

Se movió por la poceta, sosteniéndome debajo de las nalgas y sentándose en una esquina conmigo encima.

Cuando fui colocada a horcajadas, mi coño abierto quedó sobre su hombría ya endurecida y lista para complacerme.

—Mnnn —lo abracé gimiendo más contra él.

Era un manojo de vergüenza y descaro.

El cosquilleo entre mis piernas se hacía más intenso, quería que me tocara ahí, que me… penetrara.

—Rousse…

—Meridiana, joder, nena… ni siquiera un muerto aguanta esto. Estás buscando que te viole como un salvaje… —gruñó contra mi oído, tomando mis nalgas y moviéndome sobre él.

— Mmnn, ¿acaso no es obvio que eso es lo que quiero? —terminé por confesar y me quedé de piedra.

Mi mente estaba tan caliente que no filtró mis palabras libidinosas.

Sabía que me estaba mirando también de cerca.

Casi me pierdo la seriedad de esta conversación.

—No va a salir nunca vida, ¿entiendes? No podré darte hijos y puede que ahora te parezca bien, pero eres joven, en el futuro estarás rodeada de mujeres que sí pueden, verás sus cachorros y yo no…

—Y tú eres todo lo que necesito —puse un punto en su boca con la mano libre.

—. Planificaba morir sola; al menos ahora tengo a alguien con quien compartir mi soledad. ¿De verdad crees que le iba a pasar esta maldición a otro niño?

—Meridiana…

—Rousse. He tomado mi decisión y jamás me retractaré…

Mi mano bajo el agua comenzó a moverse arriba y abajo, a trabajarle el pene desde la cabeza hasta la base.

Sin experiencia, solo movida por el instinto de hacerlo sentir bien.

Sus siseos sensuales no tardaron en llegar.

—Más bien, no me tengas tanta delicadeza, general, porque no te doy mi magia gratis y ya va siendo hora de que me pagues lo que me debes…

Voy a tomar el control, este hombre me pertenece.

Mi boca se abalanzó sobre la suya, siguiendo los mandatos de mi alma que lo había visto con total claridad desde el primer segundo.

«Todo en mí te pertenece, Rousse, no tengas miedo de amarme… yo jamás te voy a abandonar.»

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación