MERIDIANA
El aire de la tarde-noche soplaba sobre la piel que iba desnudando.
Frente a sus ojos intensos comencé a liberar los nudos flojos del vestido, sintiéndolo rodar por mi cuerpo y fruncirse sobre mis pies.
No llevaba nada debajo y me mostré desnuda ante él, resistiendo el impulso de taparme, pero yo ansiaba esto.
Y no tenía que verlo para saber que me deseaba; su respiración se hizo más apresurada, como si de verdad le cortara el aliento.
Tragaba y se humedecía los labios, se había quedado tan tranquilo que ni el agua se movía un poco.
Salí de los vuelos del vestido enredados en mis pequeños pies y avancé hacia el borde, mostrándole el cuerpo que ningún otro hombre había visto jamás.
—¿No vas… a ayudarme? —le susurré con el calor subiendo por mi cuello.
De pie, a la entrada de la poceta.
El agua chapoteó finalmente y la presencia enorme de Rousse se acercó a mí.
Mis manos fueron tomadas por las rudas de él y colocadas con gentileza sobre sus hombros.
Me incliné hacia delante para ser tocada, estremeciéndome al sentir el soplo de su boca sobre uno de mis pezones.
Con el deseo recorriéndome, finalmente fui cargada a horcajadas sobre su cuerpo.
Un pequeño gemido se me escapó contra su cuello cuando mi intimidad rozó contra su tonificado abdomen.
No dudaba que le dejaría un rastro húmedo de mi excitación.
Me encantaba Rousse: tocarlo, acariciarlo con mi boca, con mis manos, su olor a melancolía era mi favorito en el mundo.
Se movió por la poceta, sosteniéndome debajo de las nalgas y sentándose en una esquina conmigo encima.
Cuando fui colocada a horcajadas, mi coño abierto quedó sobre su hombría ya endurecida y lista para complacerme.
—Mnnn —lo abracé gimiendo más contra él.
Era un manojo de vergüenza y descaro.
El cosquilleo entre mis piernas se hacía más intenso, quería que me tocara ahí, que me… penetrara.
—Rousse…
—Meridiana, joder, nena… ni siquiera un muerto aguanta esto. Estás buscando que te viole como un salvaje… —gruñó contra mi oído, tomando mis nalgas y moviéndome sobre él.
— Mmnn, ¿acaso no es obvio que eso es lo que quiero? —terminé por confesar y me quedé de piedra.
Mi mente estaba tan caliente que no filtró mis palabras libidinosas.
Sabía que me estaba mirando también de cerca.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...