NARRADORA
Marius no se asombró tanto como Edgar.
Hasta el hombre más poderoso de estas tierras en el pasado se tuvo que poner de rodillas frente a Victoria.
El agua caía lavando el campo y los truenos alumbraban el ejército que ahora yacía a los pies de una sola mujer.
En el ayer fueron los guerreros más increíbles, los amos del destino y ahora… solo meros esclavos de esas cadenas que ataban sus almas.
El estruendo se escuchó con la puerta cerrándose y desapareciendo en el abismo, como si jamás hubiese estado ahí.
Edgar parloteaba sin cesar, lleno de adrenalina y emoción.
Pero la mente de Marius se movía a toda marcha.
Victoria había averiguado la verdad del pasado, lo sabía por el odio con que trataba a sus semejantes.
Algo había cambiado en la vampira… algo que él debía averiguar si deseaba sobrevivir a lo que venía.
Observó cómo la sangre en su cuerpo se extendió en forma de esos hilos rojos, flotando, entrelazados y fundiéndose en la frente de cada no muerto.
Un sello de runas brilló para luego desaparecer.
Él que había sudado creando a solo dos o tres de esas criaturas, y Victoria despertó como a cincuenta de una sola vez.
Era increíble, pero no invencible.
La vio desplomarse en los brazos de Rousse, que la llevó enseguida hacia el refugio del bosque.
Marius los siguió, bordeando los árboles y uniéndose a ellos.
La tormenta ya dejaba de azotar con violencia y el mundo regresaba a la calma.
—¡Vicky! —se le abalanzó preocupado cuando vio que Rousse la recostó al tronco de un árbol.
Se veía pálida y respiraba lentamente con los ojos entrecerrados.
—¿Qué le sucede? —se hincó a su lado, demasiado cerca de los muslos de Victoria.
Pero enseguida ella se tensó, alejándose. Marius no mostró su descontento.
—Puedo darte mi sangre, no debiste hacer algo tan peligroso —fue directo a rasgarse las venas de la muñeca.
—No, no… no es necesario —Victoria lo detuvo resoplando.
—¡Victoria, no seas impulsiva, Rousse no puede alimentarte, yo sí! —le gritó fingiendo que estaba herido por su rechazo.
—¿Acaso... ya no significo nada para ti? —le preguntó bajando la voz de manera íntima.
Pero las pupilas escarlatas de Victoria lo miraron de frente, tan profundamente que se preguntó si podía ver a través de sus mentiras.
—Rousse, organiza al ejército, ponlos a dormir en tus mazmorras —le dijo de repente a su general.
Marius escuchó los pasos retumbantes alejarse y por suerte Edgar había sido inteligente y mantuvo la distancia.
—Vicky...
—¡Más bien para que nos dé más sobras! —Marius se levantó sin poder aguantar su ataque de rabia.
Perdió los papeles por un segundo. Se sentía traicionado por ella.
¡¿Cómo podía rechazarlo por esa bestia?!
—No será así, te doy mi palabra. Su contribución en mi ejército será tomada en cuenta —Victoria le dijo desde su posición de sentada.
Eso no disminuyó su aura dominante.
Lo podía ver, la lucha en el interior de los ojos del vampiro.
En realidad, no lo culpaba; Dracomir también había hecho cosas extremas movido por su odio.
Aquí todos se habían equivocado de alguna manera.
—Yo… — Marius se calmó de repente, la tormenta asentándose en su interior.
—¿Entonces no tengo ninguna oportunidad contigo?
Le preguntó hasta con tristeza, luchando por no dejar salir el veneno que se acumulaba en su interior.
—Como el amigo que me tendió su mano cuando llegué a estas tierras, siempre podrás contar conmigo —Victoria le respondió sin dudar.
—Como otra cosa… no tienes ninguna oportunidad. Yo ya tengo un macho que amo y el único que estará en mi cama.
Levantó la piedra y la dejó caer sin piedad sobre sus ambiciones.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...