VICTORIA
“Tiene que estar por aquí, debe estar por aquí… ¡maldición!”
Rugí en mi interior dando vueltas por a esta infernal habitación.
Nada. Ni una señal de algún compartimento secreto.
El aire viciado entre estas cuatro paredes me estaba dando mareo.
—¿Dónde más puede estar? Se me acaba el tiempo…
Si estaba en lo cierto, ese hombre me podía sorprender en cualquier instante.
Salí al pasillo ansiosa, mirando hasta mi sombra, sintiendo que algo se me escapaba.
De repente, el cuadro en el suelo llamó mi atención.
Recordé las palabras del Sr. Fenir: este hombre era el degenerado hermano del Lord.
—Espera un momento...
De repente, fuertes sospechas inundaron mi mente.
Siempre había un topo entre las filas de los rebeldes, alguien que los delataba.
Comencé a correr por los pasillos desiertos y lúgubres, empujando las puertas y buscando el indicio del cuarto del general.
Dos espadas y un escudo se entrelazaban en la madera de caoba de una de las puertas.
Pegué el oído a la superficie, expandí con precaución mis sentidos.
No había nadie en el interior, así que entré, empujando la madera que crujió lentamente.
El olor a moho me hizo arrugar la nariz, pero mis pupilas escaneaban la habitación en la oscuridad.
Una antesala tipo estudio precedía a la alcoba.
Aquí fue donde la madre de Dracomir entregó toda su dignidad.
Apreté los puños, pero ahora debía pensar con la cabeza fría.
Túneles secretos… alguno debía comunicar con esta habitación.
De esa manera, ese tipo le pasaba la información al tal Hagen, quizás hasta lo guio hacia la madre de Dracomir.
No me quedaban dudas, el Sr. Fenir siempre había sido el traidor en las sombras.
Y para comprobar mis suposiciones, pisadas lentas se escucharon sobre la alfombra del pasillo.
Tan en silencio, que si no hubiese liberado las restricciones sobre mi poder, jamás lo hubiese oído a tiempo.
Me sumergí en la oscuridad de la esquina y me convertí en niebla, flotando en las sombras.
La rata hizo su aparición.
Creía que estaba en un consejo de guerra con Dracomir, pero él se saltaba las reglas sin consecuencias.
Miró a todos lados y oculté más mi rastro, lo espiaba fijamente.
“Vamos, muéstrame tu escondrijo.”
El Sr. Fenir jamás se imaginó que iba directo a revelarme sus secretos.
Era muy inteligente para las personas de este mundo, pero no contó con forasteros de otras tierras.
Se internó en la recámara y lo seguí, alerta a cualquier trampa.
Abrió las puertas del clóset y fruncí el ceño.
Allí solo había ropa vieja y polillosa colgada, pero una vez más subestimé el ingenio de los hombres.
Apartó las prendas que no soltaron mucho polvo y fue a cerrar la puerta del clóset detrás de su espalda.
Me arriesgué a seguirlo, era ahora o nunca.
Me escabullí por la rendija y ocupamos el mismo espacio estrecho.
Mi cuerpo inmaterial intentaba no pegarse a él.
Para mi completa sorpresa, se inclinó hacia el fondo del armario y activó algún tipo de mecanismo.
Los paneles de madera cedieron con un crujido oxidado y entró una corriente de aire.
El falso fondo del guardarropa se abría a un túnel oscuro que se perdía en las entrañas del castillo.
Mientras seguía sus pasos me preguntaba, ¿cuántos pasadizos como estos atravesaban la fortaleza?
A partir de ahora debía dormir con un ojo abierto y otro cerrado, porque capaz y salieran de debajo de la cama.
El camino se hizo en silencio, solo alumbrado por la tenue luz de la antorcha en la mano del hombre.
Era un maldito laberinto allí abajo, los pasillos se entrelazaban e iban a sitios desconocidos.
Memoricé el camino de regreso, por si acaso.
Si me perdía aquí, sería difícil salir.
Estábamos llegando al fin y el Sr. Fenir hizo su aparición en una enorme galería.
Era una cueva gigantesca y el frío de repente comenzó a azotar.
Las paredes, el techo, todas las rocas estaban congeladas como una caverna helada.
En las alturas, mis ojos no podían dejar de observar lo que había abajo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...