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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 755

ROUSSE

Siento que toda la injusticia de mi vida se ha borrado con el regalo de la hermosa hembra retorciéndose sobre mi cuerpo.

No puedo dejar de acariciarla, mi boca devora sus suaves labios, bebiendo de sus gemidos entrecortados.

Siento el calor de su vulva abierta masajeando mi polla con los movimientos inexpertos de sus caderas cabalgando sobre mí.

Mis manos rudas toquetean y amasan sus nalgas tensas, la muevo para que se frote más de prisa, con un ritmo que nos tiene bien calientes.

Adoro el vibrar de su cuerpo, el aroma dulce que desprende su coño, el sabor de su sudor, de sus pechos que ahora devoro.

Desde que la vi saliendo de la habitación como una manzanita apetecible solo he soñado con comérmela.

Abro la boca y chupo esas fruncidas areolas, rodeo mi lengua y les doy toquecitos en redondo.

Mnnn, me las meto enteritas en la boca y succiono, mientras mi hembra jadea sobre mi cabeza.

Sus pequeñas manos rodeando mi espalda y arañando los músculos me están enloqueciendo.

Esa flor virgen está pidiendo a gritos ser desvirgada y yo le di todas las advertencias posibles.

La cargo sobre mi cuerpo y salgo de la poceta sintiendo el agua salpicar sobre las rocas naturales.

Avanzo con ella aferrada a mí, internándome en la casa sin dejar de besarnos, de desearnos.

No la tomaré como un salvaje en una follada rápida y de pie, no en su primera vez… quizás para más tarde.

Pienso aprovecharme de ella en cada rincón de esta casa.

La apoyo en su cama y me incorporo, tomando un segundo para contemplarla.

Diosa de los sobrenaturales, esta vez… solo puedo dar las gracias por crearla para mí.

Jadea con la mano en la boca, el cabello claro desparramado y húmedo como las gotas que ruedan por esa piel perfecta.

Mis ojos perversos recorren su rostro, con esos ojitos blancos como la luna, mirándome directo al alma.

El color sonrojado cubre sus mejillas y cuello, baja por su pecho hasta los senos erectos, pintados con marcas de mis dedos y los chupones de mi boca.

Me relamo y mi mirada desciende por todo su vientre hasta que mis pupilas se cierran sobre esa concha abierta y rosadita.

Trago en seco recordando su bendito sabor.

Meridiana siente mi perversión y mueve un poco las piernas para cerrarlas.

—Mantenlas abiertas. Siempre abiertas para tu macho —le ordeno dominante y ella obedece temblando.

Estoy muy seguro que no es de miedo.

Se acabó el caballero, conocerá la parte oscura de mí que muere por follarla como una bestia en celo.

Me inclino y huelo pervertidamente su cuerpo, me excito más con sus pequeños espasmos y su respiración apresurada.

Mis manos van a sus muslos y acaricio la cara interior, subiendo lentamente a ese tesoro que se me ha ofrecido.

Mi nariz se posa en su clítoris y olfateo profundamente, metiéndome más abajo, justo en esa pequeña abertura que destila puras flores silvestres en primavera.

El olor de su magia, de su esencia.

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