NARRADORA
—En esta fortaleza hubo una guerra y quedaron muchos cuerpos enterrados… nos sobra material.
—Pero igual, sola no puedes. Tendrás que decirle al Lord…
—¡No! —de repente Meridiana intervino— ¡No puedes decirle nada al Lord, él no va a creerte!
—¿Por qué? Yo soy su mate. Aunque está agradecido con esos ancianos, Dracomir me escucha, él quizás…
—No puedes —las manos de Meridiana se estiraron ansiosas hacia ella.
—. No sé por qué, pero lo descubrí de las memorias de esa chica… si le hablas al Lord en contra de esa familia, no te va a creer… él… tiene algo… no sé…
Victoria se quedó en silencio, con el pecho apretado.
Claro que le creyó a Meridiana, ella misma lo había sentido.
Entendía los sentimientos agradecidos de Dracomir, pero un hombre tan astuto como él… y era como si estuviese ciego con esas personas.
Celia asesinaba a diestra y siniestra a sus doncellas, y él le llamaba chiquilladas.
Dracomir no era así. Él era justo, a pesar de sus resentimientos contra los vampiros.
Pero con ese hombre y su familia, no se aplicaban las mismas reglas.
Algo le habían hecho a su mate para controlarlo.
—Está bien, estamos por nuestra cuenta —suspiró con determinación.
—Aun así, incluso con magia extra, tú sola no puedes despertar a tantos cadáveres, y el Lord se dará cuenta de tu ausencia repetida… —Rousse siguió con los contras.
—Entonces necesitamos ayuda, Rousse. Tenemos que involucrar a Marius y su gente —Victoria se paró firme en medio del claro.
—Tú no puedes revivir a tus semejantes, y Meridiana estará cansada de extraer esa magia poderosa. Necesitamos más aliados.
—¡No confíes en ellos, Victoria! ¡Esos vampiros ocultan algo! —Rousse no daba un céntimo por ese hipócrita.
Pero, muy al contrario de lo que pensaba, la hija de Celine y Zarek solo sonrió de esa manera que lo hacía su padre cuando tenía malas ideas.
—Lo sé —Victoria chasqueó la lengua.
—. Sé que los vampiros no son tan víctimas como Marius me hizo creer. Aun así, lo usaremos como ellos pretendían hacernos a nosotros.
Rousse fue entendiendo los planes de Victoria.
—Recuerda, Rousse, el titiritero nunca le revela todos los secretos a sus alumnos. Dejemos que hagan un poco de trabajo sucio por nosotros —le guiñó hasta un ojo, llena de malicia.
Rousse no dudaba de la procedencia de Victoria. Qué prueba de paternidad ni qué nada… si era Zarek con peluca.
Tramaron un poco más para crear el caos en este reino y ya se marchaban cuando el general notó que su brujita estaba demasiado en silencio.
Su rostro miraba fijamente a una parte de la fortaleza a lo lejos.
—¿Qué sucede? —le dio un suave apretón a su mano.
—Hay alguien que sufre y camina entre la vida y la muerte… una moribunda.
“Dracomir nunca se pondrá en nuestra contra, ¡pero debes ser más inteligente que esa arpía!”
La madre empujó la última puerta, lista para encontrarla vacía.
Presentía que ya Victoria había movido a la chiquilla, pensando en que revelara su historia de maltrato.
Pero se quedaron congeladas en la entrada al pasar al estrecho cuartito y ver a la doncella de pie, lavándose el rostro en un barreño.
—¡Tú…! ¿Cómo…?
¡BAM!
Ágatha cerró la puerta antes de que los gritos asombrados de su tonta hija alertaran a otras doncellas.
Se giró para ver los ojos asustados de la chica, que se pegó temblando a la pared del fondo.
Nada de moribunda, estaba vivita y coleando la muy bicho malo.
—Ahora mismo me vas a decir cómo reviviste y qué trato te propuso la esclava del Lord.
—Señora, yo, yo, no…
—¡Habla claro y rápido o la resurrección te durará muy poco!
Ágatha le gritó avanzando hacia ella, amenazante.
Los ojos de la doncella se movían erráticos por el pánico, pero abrió la boca y comenzó a decir toda la “verdad”.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...