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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 731

NARRADORA

Los ojos de Marius casi se salieron de sus órbitas.

La escena escalofriante e increíble que se desarrollaba frente a ellos, era algo que jamás olvidaría.

Cadenas sólidas, oxidadas, vivientes, serpentearon en el aire saliendo de golpe del interior de las puertas.

Una bruma negra densa se movía en las profundidades, tapando “algo” que estaba seguro no deseaba ver.

Mirar directamente al abismo más allá de esa entrada, prácticamente resultaba imposible.

Sin embargo, había una mujer levitando en el aire, enfrentando la presión y el peligro.

Esas cadenas se fueron a enredar en sus piernas y brazos, como grilletes sobrenaturales.

Las hebras rojas de la sangre de Victoria, se tejieron a su vez entre los eslabones de acero y comenzó el forcejeo.

Marius no veía con claridad el rostro de Victoria, pero eso no le impedía imaginárselo.

Hablaba en esa lengua mordaz, difícil. Apenas le revelaron un pequeño hechizo y lo encontró tan complicado.

Sin embargo, ella rugía encantamientos macabros, órdenes que llamaban a la muerte.

El viento azotó el páramo y recorría las tumbas olvidadas que parecían llorar y gritar como fantasmas.

A su lado, Edgar temblaba de miedo, pero Marius solo podía sentir una excitación que le tenía la polla tiesa.

El poder, el embriagante poder que venía acompañando de esa hembra.

Los truenos comenzaron a relampaguear, la luna se ocultó, sumiéndose en la profunda oscuridad, y entonces comenzaron a emerger.

Victoria los tiraba de las cadenas encantadas, obligando a sus cuerpos dormidos a despertar.

Vio los pasos salir del interior de la bruma negra, las botas sucias se arrastraban, los ropajes raídos.

El corazón de Marius latió desbocado al reconocer muchos de esos rostros carcomidos y mutilados.

Fueron guerreros, el ejército usado por el General Hagen para combatir y arrasar con sus enemigos.

Y solo bastó pensar en ese hombre para invocarlo.

Vio cómo las cadenas comenzaron a sacudirse con violencia, a tensarse en los brazos y las piernas de Victoria, jalándola hacia el interior de la puerta.

Ella rugió, con su sangre explotando en hilos rojos que danzaban alrededor de su cuerpo, y resistió.

El tira y afloja no duró mucho y pronto un grito de guerra espeluznante vibró desde el interior del inframundo.

Un no muerto vestido con una armadura blanca y negra saltó en el aire con su enorme espada mohosa, pero aún afilada. Directo a Victoria.

No importaba cuánto los lazos de sangre o las cadenas intentaran someter su voluntad, el General Hagen no era cualquier cosa.

—¡Va a asesinarla! —Edgar gritó en pánico.

Su mente aún no procesaba la escena fantástica que veía.

—¡QUIEN OSE DESOBEDECER MIS ÓRDENES O LAS ÓRDENES DE LOS AMOS, SOLO PUEDE ESPERAR UN CASTIGO PEOR QUE LA MUERTE!

Su aura mágica se expandió encadenando los corazones de los no muertos, y Hagen bajó la cabeza, rindiéndose para siempre.

Las cosas parecían terminarse, pero Victoria comenzó a convulsionar y tirar de las cadenas con sus propias manos desnudas.

—¡Victoria, ya tenemos suficiente! —Rousse le gritó girándose a mirarla.

—¡NO, NO, falta uno más...! ¡NO SE VA A ESCAPAR DE MÍ!

Rugió con la tormenta. El cielo se abrió y un torrente de agua comenzó a llover sobre los cuerpos sin vida.

La puerta gigantesca temblaba, algo se resistía desde el interior.

Los pies de la vampira tocaron el suelo y sus botas comenzaron a dejar un surco mientras era arrastrada.

Sin embargo, ella perseveró, tirando con odio, gritando cada vez más alto hasta que sacó lo que deseaba de ese mundo infernal.

—¿Qué quiere invocar? —Edgar no veía bien por la cortina de lluvia que hacía subir el vapor de la tierra tan caliente.

—Me imagino quién es… —Marius dijo frunciendo el ceño.

Como en efecto, salió al poco rato, caminando por sus propios pies.

Un vampiro alto, orgulloso, con ropajes hechos harapos cuando siempre se vistió como un Rey.

—El... El Lord vampiro...

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