VICTORIA
— Venga Sr. le muestro los demás sujetos exitosos.
¿Había más de esos bichos?
Me giré para verlo despedazar al guerrero sobre el suelo.
¡Se lo estaba comiendo como un caníbal!
Sus instintos sangrientos me recordaban en algo a los vampiros.
¡Qué asco por todos los cielos!
Con mi poder temblando, fluí por un pasillo donde se metieron.
Subidos en otro peñasco, miraron hacia abajo.
El alma se me fue al suelo al ver las cajas y cajas, por lo menos cien de esos experimentos con magia negra.
Si todos estos monstruos mutados salían y obedecían a ese maldito viejo, la vida de Dracomir corría peligro.
Por muy poderoso que fuese, no podía luchar contra este ejército mutado.
Estaba literal bajo sus narices y no lo había olido nunca.
El poder de ese cristal de hielo era demasiado peligroso.
Logré salir por donde mismo entré.
El tiempo era demasiado valioso. Ni siquiera me puse a indagar el tema de las hechiceras.
¿Cómo consiguió este hombre mantener a todos bajo su puño?
Eso era un misterio que podía costarnos la muerte.
*****
NARRADORA
—Esto… es increíble —los ojos de Marius estaban que se querían salir.
Había logrado revivir su primer no muerto.
Fue llevado en la noche por Rousse a la extensión desolada donde habían arrojado los cadáveres de los derrotados.
—Solo lo puedes hacer por la gracia de la Srta. Victoria. Es un secreto de su familia, espero lo sepas apreciar —el general le dijo de manera hosca.
Marius asintió jurando y perjurando, pero Rousse no le creía nada.
Si él los pudiera revivir, no dependerían de este vampiro, pero un no muerto no podía “levantar” a su especie.
—De nuevo, avancemos antes de que drenes toda la magia que Meridiana gastó en ti —le señaló la próxima tumba.
Vio la espalda de Marius alejarse y se acercó al hombre que se retorcía en el suelo.
Llevaba demasiado tiempo bajo tierra, su cuerpo era un puro hueso que se unía por arte de magia.
Aquí no había las herramientas para hacerle un “traje”.
Eso lo hacía Zarek en sus laboratorios.
—No tengas miedo. Si sirves bien a mi ama, puedes elegir luego si seguir a su servicio o permanecer bajo tierra —le susurró en el lenguaje de ultratumba.
Tocó la frente huesuda viendo esas cuencas sin fondo mirarlo de frente.
Se preguntó si había sido así antes de que el príncipe vampiro lo reviviera.
Unas runas rojas brillaron bajo el dedo de Rousse hasta desaparecer, pero el conjuro estaba hecho.
El sello personal de la casa Vlad, algo que solo él podía ejecutar como general de confianza de Zarek.
No importa quién lo reviviera, este “no muerto”, en el fondo, solo respondía a los Vlad.
Así, la noche pasaba en este páramo desierto.
Marius estaba como un niño con sus juguetitos nuevos, incluso se ponía a ordenarles, creyendo ilusamente que de verdad le obedecían.
Ni pizca de compasión por sus semejantes asesinados por hombres lobos en la guerra.
Rousse solo lo miraba a un lado con fastidio, y más allá donde su segundón, el tal Edgar, resoplaba en su papel de sepulturero y profanador de tumbas.
Abriendo huecos a punta de pala.
Rousse extrañaba a su hembra, suspiraba a la luna, preocupado por Meridiana.
No debió ceder a la locura de esas dos.
Pero aunque pudo ponerse firme con Victoria, al final Meridiana lo desarmó.
Ya le cobraría luego su rebeldía.
En medio de sus pensamientos sintió el tirón en su alma, el llamado de la Srta. Vlad.
Victoria lo requería en algún sitio para traerla.
—Regreso en un rato, sigan sin parar —se marchó con prisas hacia la parte boscosa.
Los ojos de Marius siguieron su ancha espalda, lleno de burlas y planes ocultos.
—Oye, ¿por qué tengo que hacer todo este trabajo duro y él solo supervisa? —Edgar se acercó lleno de mala hostia.
—¿Se lo quieres pedir cuando regrese? —Marius le respondió torciendo la boca.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...