Brenda se estaba retocando el rímel frente al enorme espejo del tocador, todavía con la respiración un poco agitada y la piel oliendo al perfume caro de Daniel, cuando la puerta de la suite se abrió repentinamente.
Melissa entró como un huracán, cerrando con seguro a sus espaldas. Tenía la cara pálida bajo el maquillaje perfecto y los ojos enrojecidos por el pánico.
—¿De dónde demonios conoces a Daniel? —siseó Melissa, clavándole la mirada a través del espejo, avanzando a paso rápido hasta quedar a centímetros de ella.
Brenda apenas parpadeó. Dejó el tubo de rímel sobre la mesa con calma, acostumbrada a los dramas del club, aunque el tono de su compañera la tomó por sorpresa.
—Cálmate, Melissa. Es solo un cliente...
—¡Ese no es un cliente cualquiera, estúpida! —estalló Melissa, perdiendo por completo el glamour que tanto se esforzaba en mantener—. ¡Ese infeliz trabaja para Víctor! Es el vicepresidente de la Corporación Grimaldi y su mejor amigo. Si él me ve aquí... si él se entera de lo que hago, estoy acabada.
Las palabras golpearon a Brenda de inmediato.
Giró la cabeza hacia la mesita de noche, donde la pequeña tarjeta blanca con letras doradas seguía intacta. Con el logo de la Corporación Grimaldi.
La mente de Brenda unió los puntos en un segundo, recordando la actitud segura de ese hombre que acababa de salir de su cama.
—Yo no sabía absolutamente nada de eso —se defendió Brenda, poniéndose de pie y cruzándose de brazos, enfrentando la histeria de Melissa—. Y para mí sigue siendo un cliente más. Así que te me vas calmando y me bajas el tonito, porque yo no tengo la culpa de tus enredos.
Melissa empezó a caminar de un lado a otro de la suite, mordiéndose la uña del pulgar, presa de los nervios. Su respiración era errática.
—Tengo que tener muchísimo cuidado... —murmuraba para sí misma, con la mirada perdida en la alfombra—. Si Víctor se llega a enterar de que trabajo en este burdel de lujo, se arruinan todos los planes por los que he luchado tanto. Mi imagen de madre abnegada se va a la basura. Me quitará al niño y nunca más podré acercarme a él.
Brenda la miró con una mezcla de lástima y hastío. No entendía esa obsesión enfermiza y le parecía absurdo que siguiera aferrada a una fantasía.
—Ya deberías dejar a Víctor en paz de una buena vez. Déjalo con su esposa, Melissa. Ese hombre, Donovan, el canadiense, te acaba de regalar un coche de lujo. Todo el club está hablando de tu regalito de hace rato. Tienes a un millonario comiendo de tu mano, ¿qué más quieres?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...