Brenda despertó con la boca seca y un ardor insoportable en el estómago.
Intentó acomodarse en el colchón, pero al más mínimo movimiento sintió como si le estuvieran clavando el cuchillo otra vez.
Trago aire de golpe y soltó un quejido apretado, abriendo los ojos a la fuerza.
—¿Dónde estoy? —murmuró, con la garganta seca como papel de lija.
Jake estaba apoyado contra la pared, en la parte más oscura de la habitación. Al escucharla quejarse, se despegó del muro y caminó hasta la cama.
Traía esa misma cara dura de siempre, la que no dejaba adivinar qué diablos estaba pensando, pero la sorprendió cuando, sin decir una palabra, estiró el brazo y le agarró la mano, algo rarísimo en él.
—Estamos en un hospital privado. Estás a salvo —le dijo con voz baja, midiendo cada palabra—. ¿Recuerdas lo que pasó?
El rostro descompuesto de Melissa, el brillo del cuchillo y la sangre empapando su propia ropa le cruzaron la mente como un relámpago.
El ritmo cardíaco en el monitor se aceleró de golpe.
—Sé perfectamente lo que pasó, Jake —respondió ella, apretando los dientes—. Melissa se volvió loca. Vino a mi casa dispuesta a todo. Es una mujer peligrosa, desquiciada… la quiero bien lejos de mí.
Al recordar la rabia ciega en los ojos de Melissa, Brenda intentó incorporarse, impulsada por la furia, pero el esfuerzo fue demasiado.
Empezó a gemir de dolor, soltando la mano de Jake para llevarse los dedos a la venda gruesa que le cubría el estómago.
—Tranquilízate —le ordenó Jake, poniéndole una mano firme sobre el hombro para obligarla a recostarse de nuevo—. Te acaban de coser. Si te mueves así, se te puede abrir la herida y vas a empezar a sangrar de nuevo.
Brenda dejó caer la cabeza contra la almohada, respirando por la boca, empapada en un sudor frío.
—Casi me mata, Jake —dijo, con la voz quebrada por la impotencia—. Esa perra me apuñaló en mi propia casa. Lo hizo para hacerme callar. Piensa que puedo contarle la verdad al amigo de Víctor y que este, lógicamente, luego vaya a contárselo a él. Entró en pánico.
Jake rodó los ojos y soltó un suspiro de fastidio, cruzándose de brazos junto a la camilla.
—Tú también, Brenda… con tantos malditos hombres que hay en esta ciudad, ¿y te viniste a meter justo con el amigo íntimo de Grimaldi? ¿Daniel Iturbe, en serio? Sabías perfectamente el riesgo que corrías al involucrarte con alguien de su círculo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...