Capítulo 120. El veneno de la duda.
El sol de la tarde se filtraba con calidez por los inmensos ventanales del club privado, bañando el elegante salón principal con una luz dorada.
Amanda giraba distraídamente la delicada copa de cristal entre sus dedos, observando el agua moverse en su interior con un rastro de aburrimiento.
—¿Agua, Víctor? ¿En serio? —preguntó ella, arqueando una ceja con una sonrisa juguetona, fingiendo indignación.
Víctor se inclinó hacia ella, depositando un beso rápido y tierno en su mejilla.
—Mi amor, sabes perfectamente que no puedes beber —le susurró cerca del oído—. Tenemos que cuidar a ese pequeño.
Amanda rodó los ojos con diversión, pero la sonrisa se le borró de los labios de repente. Su mirada se fijó en la doble puerta del salón.
Por ahí venía entrando Alexander Donovan, correcto en su traje gris a la medida y con la misma actitud arrogante de siempre.
—Espero que hoy no haga nada estúpido —murmuró ella, tensando los hombros instintivamente.
Víctor siguió la trayectoria de su mirada y soltó una carcajada corta, restándole importancia mientras acomodaba el nudo de su corbata.
—Tranquila, querida. Por muy imbécil que sea, no creo que se atreva a sabotear su propio evento. Hoy se trata estrictamente de sus negocios.
El evento transcurrió con la elegancia habitual de ese tipo de reuniones. Cuando llegó el momento central de la tarde, Amanda tomó su lugar al frente del salón.
La maqueta del nuevo hotel boutique brillaba bajo las luces del techo.
Con una seguridad arrolladora y esa pasión que siempre la iluminaba cuando hablaba de su trabajo, Amanda explicó cada detalle arquitectónico, la distribución de los espacios y la perfecta integración de las áreas verdes.
El aplauso de los inversionistas no se hizo esperar. Fue un éxito rotundo. Desde la primera fila, Víctor la miraba con admiración, aplaudiendo más fuerte que nadie.
Una vez finalizada la exposición, el ambiente se relajó. Los meseros comenzaron a circular con bandejas de bocadillos y copas altas.
—Estuviste fantástica, cariño —la felicitó Víctor, abrazándola por la cintura apenas ella bajó del pequeño estrado—. Dame un par de minutos, acabo de ver a los hermanos Vicuña cerca de la barra y necesito saludar a esos accionistas. No me tardo nada.
—Ve tranquilo, aquí te espero —respondió ella, dándole un suave apretón en el brazo.
Amanda se quedó a solas junto a la base de la maqueta, revisando unos folletos. No pasaron ni dos minutos cuando una sombra larga se proyectó sobre la mesa.
—Excelente trabajo, Amanda. Mis más sinceras felicitaciones.
Ella levantó la vista de golpe, encontrándose cara a cara con Alexander Donovan. Trató de mantener la compostura, recordando que estaban rodeados de gente importante.
El corazón de Amanda empezó a latir desbocado, golpeando con fuerza contra sus costillas.
Una mezcla asfixiante de incredulidad y extrañeza se arremolinó en la boca de su estómago.
Sus manos, apoyadas en el borde de la mesa, empezaron a temblar ligeramente.
—Estás mintiendo —logró articular, aunque su propia voz sonó carente de fuerza—. Solo quieres envenenarme. Quieres arruinar este día porque no soportas vernos bien.
—Yo no necesito arruinar nada, Amanda. Tu matrimonio ya tiene sus propias grietas —replicó él con una tranquilidad letal, saboreando cada palabra—. Si dudas de mí, pregúntale a Reyes. O mejor aún, pregúntale al hombre que te jura honestidad todos los días. Pregúntale cuánto le costó comprar el éxito de su mujer.
Dando un suave y cínico asentimiento a modo de despedida, Alexander Donovan dio media vuelta y se perdió entre la multitud elegante, dejándola sola con el veneno corriendo rápido por sus venas.
Amanda se quedó paralizada en su sitio.
Con la respiración entrecortada y un nudo doloroso atravesándole la garganta, levantó la mirada por encima de las cabezas de los invitados.
A lo lejos, al otro lado de la sala, Víctor estaba conversando animadamente con sus amistades.
Sostenía una copa en la mano, riendo de manera despreocupada, completamente ajeno a la tormenta que acababa de desatarse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...