Víctor Grimaldi no era un hombre de amenazas vacías.
Su sola presencia en la oficina ya era una declaración de guerra, pero el paso letal y pausado con el que avanzó hacia el escritorio de Alexander Donovan fue lo que realmente heló la sangre del empresario.
Víctor metió la mano en el interior de su chaqueta y sacó una gruesa carpeta de cuero negro, arrojándola con desprecio sobre la superficie de cristal.
El golpe resonó como un disparo en el silencio de la inmensa oficina.
—Tengo pruebas suficientes para joderte, Donovan —declaró Víctor, apoyando ambas manos sobre el escritorio y acorralándolo con su imponente figura—. Sé perfectamente de tus negocios sucios con Tadeo Flores. Y no te hagas el idiota conmigo, porque ambos sabemos que ese tipo no es un simple empresario, es un mafioso de la peor calaña. Tengo pruebas irrefutables que te vinculan de manera directa a ese hombre y a toda su red de operaciones criminales.
Alexander palideció de forma abrupta, como si le hubieran drenado toda la sangre del cuerpo en un segundo.
Con manos temblorosas, abrió la carpeta. Sus ojos desorbitados comenzaron a recorrer los documentos esparcidos que Víctor había organizado meticulosamente.
Había copias a color de transferencias bancarias internacionales, registros de empresas fachada, movimientos financieros offshore y firmas digitales.
No comprendía cómo Grimaldi, había tenido acceso a una información tan celosamente custodiada por el bajo mundo.
—Esto... esto es una completa farsa —balbuceó Alexander, tragando saliva con dificultad, intentando mantener una postura firme que su cuerpo ya no soportaba—. Son papeles falsificados. Un burdo montaje patético para intimidarme.
Víctor soltó un bufido ronco, una mezcla de pura burla y asco profundo, enderezándose para mirarlo con una innegable y letal superioridad.
—¿Una farsa? —repitió, esbozando una sonrisa torcida, oscura y letal—. Por favor, Alexander, ten un mínimo de dignidad y no insultes mi inteligencia a estas alturas. Sé exactamente cómo opera «Logística y Exportaciones Cóndor», esa conveniente fachada de empresa fantasma de contrabando que montaste en la costa con tu socio. Utilizas la constante importación de materiales de construcción para tus grandiosos proyectos de lujo como una vil pantalla para cegar a las aduanas. En realidad, los pesados contenedores que apruebas con tu propia firma están repletos de armamento bélico y millones en dinero en efectivo sin declarar. Básicamente, le lavas la inmensa fortuna a Tadeo Flores a través del puerto mercantil. Él pone la basura ilegal en el país y tú firmas los permisos aduaneros para que todo el cargamento pase limpio.
El rostro de Donovan se descompuso por completo, adquiriendo un tono mortecino.
La máscara de arrogancia inquebrantable que siempre llevaba puesta ante el mundo se hizo añicos contra el suelo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...