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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 131

Al día siguiente...

Con la cabeza todavía dándole vueltas, Daniel llegó hasta la puerta de la nueva y lujosa oficina de Amanda: Borbón & Asociados - Estudio Arquitectónico.

Atrás habían quedado los días donde Amanda era una simple empleada bajo el yugo de otros; ahora era la dueña y señora de sus propios proyectos, y él estaba a punto de convertirse en su principal socio capitalista.

Entró a la lujosa oficina con paso firme, pero con la mente todavía dándole vueltas. Traía la cabeza pesada, lidiando con la resaca emocional de la decepción de Brenda.

Se había prometido a sí mismo no volver a pensar en mujeres complicadas ni en enredos, así que había decidido enfocar toda su energía puramente en los negocios.

—Adelante, socio. Pasa y ponte cómodo —lo recibió Amanda con una sonrisa radiante.

Llevaba un impecable vestido sastre que marcaba su vientre de embarazada y desbordaba la elegancia de una empresaria de alto nivel.

La oficina era espectacular, con ventanales de piso a techo que daban una vista panorámica de la ciudad.

—Amanda, te ves espectacular. El embarazo, el matrimonio y el éxito te sientan de maravilla —la saludó Daniel, dándole un beso en la mejilla y tomando asiento frente al imponente escritorio de mármol.

—Gracias, Daniel. Me alegra verte mejor y tan enfocado. Aquí están los contratos de inversión listos para tu firma —Amanda deslizó una elegante carpeta de cuero hacia él—. Pero antes de hablar de números y porcentajes, quiero presentarte a la mente maestra que se encargará de diseñar y liderar todo tu complejo. Es una joya que acabo de contratar, una profesional brillante.

Daniel asintió, sacando su costosa pluma de plata.

En su cabeza, esperaba ver entrar a un señor mayor con gafas y cara de aburrido, o a algún recién graduado nervioso y con los planos temblando en las manos.

Pero la pesada puerta del despacho se abrió y sus expectativas se hicieron polvo en un solo segundo.

Una mujer cruzó el umbral. Definitivamente no era el típico prototipo de modelo de pasarela esquelética al que Daniel estaba tan mal acostumbrado.

Era una mujer con unas curvas de infarto, caderas amplias y una figura voluptuosa que dejaba sin aliento, envuelta en un elegante traje sastre color vino que se ceñía a su cuerpo como una segunda piel.

Caminaba con un estilo intacto, y cada paso que daba con esos tacones altos resonaba con una seguridad arrolladora que inundó la oficina entera.

A Daniel se le secó la garganta al instante.

Se quedó completamente mudo, con la pluma suspendida en el aire, detallando el cabello oscuro cayendo en cascada sobre sus hombros y esa mirada almendrada, penetrante y sumamente inteligente.

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